• Dos años de Manuel Martínez.

    Manuel Martínez comienza en marzo del 2018, después de haber perdido un concierto acústico de En marzo de 2018, después de haber perdido un concierto acústico de tributo en Escobar, Manuel Martínez y yo decidimos acercarnos a Raven & Cannonball, un local que apenas conocíamos, para proponerles hacer un evento en su espacio. Para nuestra sorpresa, los propietarios aceptaron sin hacer demasiadas preguntas, y programamos el concierto para el fin de semana posterior al día de San Patricio.

    El primer concierto no contó con publicidad pagada, y sin embargo, el local se llenó. Nos enteramos después de que un grupo de estudiantes extranjeros había organizado una visita al club, lo que resultó en que el aforo estuviera completo. Esa pequeña fortuna nos abrió las puertas a un arreglo mensual en otro sitio, Rabbit Hole, un lugar que, gracias a sus presentaciones periódicas de comedia y música, ya tenía un público fiel.

    En aquella región, el invierno convierte a las personas en cazadoras de experiencias durante el verano, como si intentaran almacenar vivencias para los meses de frío. Esa dinámica nos impulsó a buscar más espacios donde presentarnos, y así llegamos a Synthesis, un sitio dedicado principalmente a la fotografía, pero con un pequeño escenario para eventos en vivo, situado entre la galería y su tienda de equipo fotográfico. El gerente no puso ningún obstáculo para incluirnos en su agenda, siempre y cuando nuestro repertorio incluyera música latina. Su intención era promocionar el evento como una fiesta más que como un concierto, y nuestra música tenía que ser reconocible y bailable. Como cantante ibérico, no resultaba difícil cumplir con esa premisa, pero necesitábamos mejores fotografías, pues las que teníamos no se ajustaban al estilo de su material promocional.

    Es en ese punto donde entra João.

    Sin presupuesto para un fotógrafo profesional, la providencia nos puso a un amigo que, siendo fotógrafo de arquitectura, accedió a ayudarnos. Nos dirigimos a un almacén ferroviario para hacer la sesión de fotos, aunque pronto fuimos advertidos por la seguridad del lugar de que no teníamos permiso. Eso nos obligó a apresurar la sesión, pero logramos capturar las primeras imágenes, las cuales enviamos de inmediato para la producción del material publicitario.

    En paralelo, estábamos ensayando con una estudiante de intercambio de Kosovo, Albulena Zhara, una cantante de éxito moderado en su país natal, Prishtina. La colaboración con ella trajo buenos resultados, principalmente porque atrajo a un público que, aunque venía a escuchar sus versiones de canciones populares, ayudó a expandir nuestra base de seguidores. Esa fue la única vez que el proyecto se presentó en un espacio predominantemente estudiantil, en la llamada «Ciudad Estudiantil». Aprovechamos esa colaboración para hacer una segunda presentación en un club colombiano, esta vez con un repertorio de música latina, alejándonos un poco de la idea original del proyecto, pero manteniendo la esencia de colaborar con otros artistas.

    Con el verano, la ciudad comenzó a vaciarse rumbo a la costa, lo que redujo las ofertas en los clubes, y nos llevó a explorar nuevos horizontes. El verano se convirtió en una temporada de promoción. Visitamos lugares que usualmente ofrecían música en vivo y filtramos aquellos que buscaban «algo diferente». La clave era mantener un formato técnico sencillo, que nos permitiera presentarnos en cualquier escenario sin complicaciones. Finalmente, añadimos tres tipos de guitarras y una mezcladora preprogramada, lo que nos permitía conectarnos rápidamente y obtener un sonido uniforme, sin importar la acústica del lugar.

    Con la llegada del otoño, la capital volvió a activarse. Gracias a las gestiones realizadas durante el verano, cuando todos estaban en la playa, aseguramos una temporada llena de eventos. Entre las experiencias más notables estuvo nuestro concierto en Безкрай (Infinito). Fue la primera vez que la interacción con el público se asemejó a la de músicos verdaderamente populares, al punto de que tuvimos que esperar a que el local se vaciara para salir sin problemas. Este éxito se debió, en parte, a la promoción del evento en redes sociales por parte de los organizadores, sumado a un gasto en publicidad que superó en 5000% (50:1) lo habitual, con el propósito de analizar el impacto de la promoción en la asistencia y en la percepción del público. Aunque los resultados fueron positivos, no logramos consolidar ese «aura de profesionalidad» que esperábamos crear.

    A pesar de algunos tropiezos con locales como «Gaba», que no cumplió con los acuerdos de pago, y «Nomo», cuya falta de claridad sobre el evento nos obligó a cancelar, el esfuerzo constante rindió frutos. Para finales de la temporada, habíamos comenzado a recibir invitaciones a eventos sin necesidad de buscarlas. Una de esas oportunidades fue un concierto patrocinado por Coca Cola, donde nuestra participación sirvió para alcanzar a un público al que no habíamos llegado antes.

    El resto de la temporada transcurrió entre presentaciones en sitios conocidos y la colaboración con músicos internacionales, como el guitarrista portugués Tiago Diniz y el percusionista griego Konstantinos Zacharos, quien se unió al proyecto de manera permanente. Sin embargo, la repetición de los mismos repertorios y escenarios disminuyó gradualmente el interés tanto del público como del equipo, y la última presentación en ese formato tuvo lugar en octubre de 2019.

    Al iniciar el 2020, replanteamos el proyecto, con la mirada puesta en nuevas oportunidades, ya sea en Atenas o Berlín. Sin embargo, todo quedó en pausa debido a las restricciones de viaje impuestas por la pandemia de COVID-19. Mientras tanto, aprovechamos el tiempo para trabajar en nuevo material, cocinando canciones en una pequeña cocina griega.

    Daniel Sellek

  • Cuarentena en Atenas

    No sé qué es lo que me habrá gritado, en el idioma local que es para mí extraño ya que literalmente está en griego, mientras con una mano señalaba la máscara que le cubría la cara y con la otra apuntaba a la puerta de salida. El mensaje era claro de cualquier manera: tenía que abandonar el establecimiento.

    Comprar el desayuno, usualmente un café y algún tipo de pan, nunca había sido notable. Pero esta mañana fue distinto. Mi error fue encontrarme de viaje y hablar en un idioma extranjero durante el desarrollo de una pandemia que ha normalizado la xenofobia.

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    Desayuno: bougatsa y café.  (Atenas, Marzo 2020).

    Salgo de la panadería y, algunas calles más adelante, tres policías en motocicleta detienen a un hombre; una de las pocas personas que aún se encuentran por las calles. Mi paranoia, alimentada por lo que recién me ha pasado, me hace revisar el rostro del hombre. Parece árabe, quizá sirio. Pero estando en el sur de Europa, existen personas con rasgos iguales desde antes de que el concepto “Europa” existiese. Este hombre posiblemente podría encontrar las raíces de su genealogía en personas que vivían en esta misma tierra durante las guerras Médicas (un nombre que combina muy bien con la ocasión). Pero estoy ya divagando. El punto es que, los gritos de la señora han despertado mis prejuicios.

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    Seguramente era local. (Atenas, Marzo 2020)

    Frente a la situación actual, parece que la idea más cómoda será mantenerse encerrado hasta nuevo aviso. Personalmente considero que es una medida desmedida, pero prefiero no ser utilizado por los medios como el ejemplo de la desconsideración de los extranjeros.

    Los supermercados tienen menos clientes y hay filas para entrar. Afortunadamente esas son las únicas diferencias, no ha habido compras de pánico y los griegos, si se les compara con las naciones acumuladoras de papel higiénico, parecen muy calmados al respecto. Lo cual no me ayuda a comprender los gritos en la panadería.

    Mientras el norte pasa frío yo paso de somb

    Frente a la situación actual, parece que la idea más cómoda será mantenerse encerrado hasta nuevo aviso. Personalmente considero que es una medida desmedida, pero prefiero no ser utilizado por los medios como el ejemplo de la desconsideración de los extranjeros.

    Los supermercados tienen menos clientes y hay filas para entrar. Afortunadamente esas son las únicas diferencias, no ha habido compras de pánico y los griegos, si se les compara con las naciones acumuladoras de papel higiénico, parecen muy calmados al respecto. Lo cual no me ayuda a comprender los gritos en la panadería.

    Mientras el norte pasa frío yo paso de sombra en sombra, tratando de evitar el sol en mi cara quemada. ¿Quién imaginaría que Grecia es tan soleado? Me pregunto como si hubiese olvidado la razón por la cual hay tantos turistas en este país durante el verano. Espero que mi color de langosta cocida no atraiga mucho la atención mientras me dirijo hacia la última reunión, antes de ponernos en esta, socialmente obligada, cuarentena.

    De camino, por la calle se encuentran solamente las naranjas que han caído de los árboles al margen de las banquetas. No hay personas. Los teatros, restaurantes, bares y otros tantos locales se encuentran cerrados. La ansiedad que siento al caminar por calles tan vacías, me hace ver la ciudad como si fuese Silent Hill, en versión soleada.

    El piso donde nos reunimos es de un italiano, pero él prefiere que nadie lo sepa debido a las actuales circunstancias, Italia es el país más afectado en el continente por el COVID-19. Hace algunos días escuchó que a un compatriota suyo le negaban el servicio en una tienda. Recuento apócrifo al que yo añado la historia de un par de italianos que fueron echados de una sucursal bancaria en Bulgaria. Un cuento que también es de segunda mano, pero al menos me hace sentir solidaridad cuando también agrego la historia de la mujer de la panadería. Quizá la haya contado con algunos adornos, pero era ya tarde y la cerveza fría aliviaba la incomodidad del roce de la camisa con mi cuello quemado y enrojecido.

    El sitio se encontraba lleno y quizá sea la última vez que vea tanta gente reunida durante una larga temporada. Una docena y media de personas, de un manojo de nacionalidades distintas compartían su experiencia y la manera en que ocultaban su idioma o acentos en medida de lo posible para no causar pánico. Nunca habíamos vivido una situación en la que viajar se considerase un pecado social.

    Al salir de la reunión, caminando de regreso con un amigo portugués, cruzábamos las calles para encontrar la última cerveza de la noche. Hablando en castellano atravesábamos una visión postapocalíptica: una capital europea muerta antes de la medianoche. Sin embargo y sin esperarlo, en la planta baja de un edificio de apartamentos, una luz encendida mostraba refrigeradores al interior y nosotros, atraídos como polillas, fuimos a averiguar lo que ahí había.

    Dentro se encontraba un hombre, quizá tendría sesenta años, frente a él una carreola vacía. El local olía al humo de su cigarrillo, lo cual es extremadamente raro ya que está prohibido fumar en interiores de cualquier sitio público. Al dueño del negocio parecía no importarle, es como si el hecho de que no lo dejaban salir a la calle lo incitase a fumar en el interior.

    Elegimos dos cervezas locales y al intentar pagar, el hombre nos pregunta “¿Ispanía?” (es el segundo país más afectado por el coronavirus en el continente) a lo que rápidamente respondimos: “No, no. Portogalía y Mexikó”. El hombre sonrió, nos dijo el monto a pagar… obviamente no entendimos la cantidad y nos la mostró en la registradora. Pagamos. Al salir, el hombre intentó recordar cómo decir «gracias» en castellano. Después de pensarlo un par de segundos, con una sonrisa nos dijo: “Merci!”. Sin ganas de continuar una conversación que no podría suceder, simplemente le respondimos:

    Ευχαριστούμε!

    Daniel Sellek

  • Vivir sin morir.

    Imagina un escenario en el que una población pudiese existir sin enfermedades o accidentes, así también como sin desordenes genéticos heredados, ¿cuán larga sería la vida de las personas? De acuerdo a los registros existentes, el límite de edad de una persona suele estar cerca de los 120 años y hay casos documentados de humanos viviendo hasta esas edades (Valdez, 2013). Este límite podría estar relacionado con el límite de Hayflick (Watts, 2011) el cual marca el número de ocasiones en el que una población normal de células humanas podrá dividirse hasta que su capacidad de división acabe. Esto se relaciona con la evidencia empírica que indica que los telómeros asociados al ADN de cada célula se acortan con cada división hasta alcanzar una longitud crítica que impide la reproducción de nuevas células.

    De acuerdo a estas observaciones, los días de cada persona están contados desde el momento en que ha nacido y las variables principales son la capacidad de las células para reproducirse, un proceso indispensable para la continuación de la vida de un organismo complejo tal cual es un ser humano.

     

    ¿Puede hacerse algo para disminuir los efectos de este proceso?

    La primera parte del proceso de envejecimiento interno parece fluir a partir de la falta de absorción de aminoácidos específicos. Con el tiempo, el intestino pierde eficiencia para extraer la nutrición de los alimentos. En las etapas posteriores, esta disminución se asocia con un daño cada vez mayor a los receptores intestinales para aminoácidos específicos. En humanos de edad muy avanzada, la disminución de la masa y del área superficial de la pared intestinal, por sí sola, es suficiente para descontar la absorción total. Estas personas «muy viejas» incluso parecerían estar muriendo de hambre.

    Hay múltiples posibilidades para explicar pérdida de capacidad de absorción de aminoácidos. Se ha observado la formación de una película en la pared intestinal. Esta película bloquearía los receptores de captación y conduciría a su reabsorción. Se ha encontrado una correlación con la ingesta de carne demasiado cocida que podría causar la desnaturalización de los receptores. Esta puede ser la razón por la cual los Adventistas de los Siete Días que evitan totalmente la carne viven un promedio de diez años más que la población general (Johnson, 2015).

    Actualmente se estudian diferentes modos en que la telomerasa, la enzima que fabrica los telómeros, pueda ser estimulada para alargarlos (T M Bryan, 1995).

    También se ha observado que, al remover células seniles en animales de laboratorio, estos recuperan algunas de las funciones de su juventud (Weintraub, 2016).

    Los avances en la materia podrían llevarnos al punto que Lucas Cranach “el viejo” imaginó cuando pintó La Fuente de la Juventud casi medio milenio atrás. No es posible decir cuándo o de qué manera, sin embargo, la juventud eterna es un sueño que será perseguido por la humanidad mientras esta exista.

    Daniel Sellek

    Documentos citados

    Johnson, L. (17 de Febrero de 2015). Secrets to Longevity Revealed in Denomination’s Lifestyle. Obtenido de CBN News: http://www1.cbn.com/cbnnews/healthscience/2015/february/secrets-to-longevity-revealed-in-denominations-lifestyle

    T M Bryan, A. E. (1 de Septiembre de 1995). Telomere elongation in immortal human cells without detectable telomerase activity. Obtenido de National Center for Biotechnology Information: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC394507/

    Valdez, C. (16 de Agosto de 2013). 123-year-old Bolivian man is oldest living person ever documented. Obtenido de NBC News: https://www.nbcnews.com/news/other/123-year-old-bolivian-man-oldest-living-person-ever-documented-f6C10934840

    Watts, G. (18 de Junio de 2011). Leonard Hayflick and the limits of ageing. Obtenido de The Lancet: http://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(11)60908-2/fulltext

    Weintraub, K. (15 de Diciembre de 2016). Aging Is Reversible–at Least in Human Cells and Live Mice. Obtenido de Scientific American: https://www.scientificamerican.com/article/aging-is-reversible-at-least-in-human-cells-and-live-mice/

     

     

  • Voces búlgaras
    Origen

    Es un tipo de canto que se ha desarrollado desde los grupos de pastores, sobre todo al sur de la capital, que posiblemente desarrollaron esta forma de canto en respuesta al espacio en el que habitaban.

    Técnica

    Las características de este tipo de canto son sus largas notas y el uso de la resonancia en la cabeza para lograr un timbre ligeramente estridente. Es un tipo de canto que se ha desarrollado desde los grupos de pastores, sobre todo al sur de la capital, que posiblemente desarrollaron esta forma de canto en respuesta al espacio en el que habitaban.

    Por lo tanto, es natural que sean mujeres las que interpreten estas canciones ya que los tonos bajos, sin bien viajan más lejos, son más difíciles de comprender a la distancia, sobre todo ante un fondo de otros sonidos; por lo cual las voces masculinas no son apropiadas para desarrollar cantos similares.

    La técnica de canto es distinta a la que se acostumbra en la música de Europa Occidental. Esto se debe a la herencia otomana, en la que se favorece el canto “de cabeza” a diferencia del favorecido por las escuelas alemana e italiana en la que la producción del sonido termina en la laringe; el canto de cabeza promueve la utilización de las cavidades sinusoidales lo cual le da el típico carácter nasal a esta forma de canto.

    Regiones donde se realiza

    Bulgaria del Centro y Sur así como Macedonia.

    Similitudes con otras muestras culturales.

    Técnicamente es similar al canto tradicional de regiones de medio oriente, a pesar de que los temas y las formas musicales son distintas.

    Musicalmente es similar exclusivamente a creaciones relacionadas dentro del área de los Balcanes.

    Importancia como elemento cultural.

    Actualmente, las canciones tradicionales siguen siendo reutilizadas en la música popular como en la canción Joro Boro de la agrupación Balkan Beat Box  utilizando como elemento de su composición la canción tradicional “Sentado está Jorge” (Седнало е Джоре дос), un tema popular tanto para el exoticismo extranjero como para intérpretes de música pop locales. Este estilo musical ha sido utilizado también, sin su carga cultural en películas como “Tomorrowland” y juegos de video como “Alone in the Dark”.

    Daniel Sellek

  • ¿Qué es patrimonio cultural?
    Imágen: Museo nacional de historia. Bucharest, Rumania. Junio 2014

    Se conoce como patrimonio cultural a los elementos que pueden ser utilizados como evidencia de los distintos niveles de desarrollo la historia humana. Estos bienes pueden ser clasificados como tangibles (materiales) o intangibles (inmateriales).

    Los bienes materiales se presentan de diversas maneras, la más visible de las cuales  se puede encontrar en el patrimonio construido, que representa la arquitectura y la modificación del espacio en el que algún grupo ha habitado. Este tipo de patrimonio representa tanto los edificios, o restos de los mismos, como las formas de organización del espacio que se desprenden de las formas en que, cada grupo humano, generó espacios de acuerdo a sus necesidades económicas y simbólicas.

    El patrimonio arqueológico, corresponde a los objetos de periodos pasados vinculados con el modo de vida de un grupo determinado. Este se cruza con el patrimonio construido, sin embargo va más allá de los bienes inmuebles para incluir los artefactos que, a partir de las necesidades que cada grupo social tenga, sin desarrollados para cumplir múltiples funciones en la vida diaria de sus integrantes.

    Dentro de este grupo se puede encontrar el patrimonio móvil; objetos cuyo valor, a pesar de estar vinculado con su origen, no se pierde cuando se le cambia de marco. Un ejemplo de este tipo de patrimonio es la literatura.

    Más allá del patrimonio tangible se encuentra el patrimonio intangible, el cual comprende las técnicas, conocimientos, creencias valores y costumbres de un grupo del modo en que éstas son comprendidas y representadas por el grupo mismo.

    En este grupo se pueden encontrar las leyendas, técnicas para creación de materiales, preparación de alimentos, construcción; así como los sistemas de valores y creencias que articulan las vidas de los integrantes de los grupos humanos que las han desarrollado.

    Daniel Sellek

    Fuentes

    Camuffo, D. (2014, Julio 28). Microclimate for Cultural Heritage – Conservation, Restoration and Maintenance of Indoor and Outdoor Monuments – Second Edition. Retrieved from ResearchGate: http://www.researchgate.net/profile/Dario_Camuffo2/publication/264001438_Microclimate_for_Cultural_Heritage_-_Conservation_Restoration_and_Maintenance_of_Indoor_and_Outdoor_Monuments_-_Second_Edition/links/53d680f90cf228d363ea5bf5.pdf

    Institute for the Protection of Cultural Heritage of Slovenia. (2015, 08 23). What is Cultural Heritage? Retrieved from Zavod za varstvo kulturne dediscine Slovenije: http://www.zvkds.si/en/ipchs/protection-cultural-heritage/about-cultural-heritage/what-cultural-heritage/

    UNESCO. (2005). The Criteria for Selection. Retrieved from World Heritage Convention: http://whc.unesco.org/en/criteria/

  • Breve introducción al origen de los derechos de autor.
    Imagen: Ciudad de México, MUAC 2018.

    En un mundo donde todo puede ser copiado y revendido sin el consentimiento o conocimiento de su autor, el rol de los derechos de autor es natural y obvio. Estos cubren la necesidad que los creadores tienen de protección a su obra para poder dedicarse al desarrollo de ésta y poder subsistir a través de la misma. Es claro, en este contexto, que los derechos de autor protegen y promueven el desarrollo de nuevas ideas.

    Sin embargo las cosas no han sido siempre así. Cuando la capacidad para reproducir objetos e ideas era mucho más limitada, no había una razón clara para dar origen a la existencia de los derechos de autor. ¿Cuál podría ser la ganancia en evitar que alguien copiase la obra de otro autor? Duplicar un trabajo era una tarea que requería un esfuerzo tan grande que, por el hecho de apoyar su permanencia y difusión, un autor podría más bien estar agradecido de que alguien se interesara tanto en sus ideas para que le dedicase una cantidad inmensa de recursos a su reproducción. Más aún, las copias mismas serían escasas y por el mismo proceso de copia, no serían réplicas fieles al original.

    La introducción de la imprenta (ca. 1440) cambió el estado de las cosas. Ahora la dificultad para producir copias era significativamente menor que la de generar una obra original. Es en este momento en el que comienza la tensión y la preocupación por las copias “no autorizadas”.

    Durante la década de los cincuenta del siglo dieciséis, en Inglaterra y en España se legisló a favor de la creación de controles para la impresión y distribución de libros. En ambos casos el beneficiario era la imprenta y no el autor. Cabe decir que la intención de estas leyes no era directamente la protección ante la copia ilegal de materiales o piratería como le conocemos; su principal objetivo era controlar los libros que serían impresos, es decir, censurar la producción editorial. Una de las razones que dieron lugar a este movimiento fue el auge del protestantismo, ya que los libros fueron considerados el vehículo más poderoso para la distribución de “la plaga herética”.

    La manera en que eran administrados los derechos directamente a las casas editoriales promovió la monopolización a través del control de licencias para la impresión. Las imprentas tenían derechos exclusivos y permanentes sobre la obra de los autores que editaban. A estos últimos les quedaba muy poco y su única alternativa era negociar directamente con la casa editora para buscar una forma de remuneración. En pocas palabras, los autores no tenían derechos sobre la copia de sus obras.

    Pasaron casi dos siglos hasta que en 1710 el Estatuto de la Reina Ana se convirtió en la primera ley en dar derechos a los autores para explotar sus obras. Además, estableció el modo en que estas funcionarían en la actualidad: otorgando derecho de exclusividad por un plazo determinado de tiempo a partir de la fecha en que se ha aprobado el material como perteneciente a una obra de algún autor expreso.

    Es así como la posibilidad de copiar con facilidad ha generado la necesidad de proteger las obras para su explotación exclusiva, ya sea por parte de las casas editoriales o de los creadores de estos trabajos.

    Estatuto de la Reina Ana
    El Estatuto de la Reina Ana determina que los autores tienen derecho a explotar su obra.

    Daniel Sellek

  • ¿Qué es Cultura Material?

    Todos los días veo fotografías que parecieran estar impresas sobre arena, videos grabados en formato vertical, autorretratos en las circunstancias más mundanas. Su difusión y reproducción en diversos equipos distantes pero conectados a internet es algo que vivimos y practicamos todos los días. Hoy esperamos que nuestro teléfono cumpla todas esas funciones; hoy la publicación de cada paso que tomamos es un elemento inseparable de nuestra existencia como miembros de ésta comunidad, de esta sociedad.

    Alejémonos un poco de esta cotidianeidad; intentemos verla como si se tratara de un país lejano al que hemos llegado de visita. Veámonos como una comunidad articulada a través de la comunicación instantánea de todo. Lo primero que nos llamaría la atención serían los objetos que utilizamos para hacerlo. Una computadora portátil, plana, con la capacidad para grabar imágenes, voz, coordenadas geográficas y enviarlas a través de internet. Eso que llamamos teléfono móvil, celular, Smartphone… ese mismo aparato que hace quince años no existía (en su forma actual) y por lo mismo, el modo en el que vivíamos difiere del que nos parece ahora cotidiano. La existencia de una determinada tecnología, materializada y difundida a través de la sociedad, modifica la forma en que vivimos: Nuestra cultura. Existen grupos humanos para los cuales ésta no es una realidad familiar, lamentablemente existen personas que no tienen acceso a objetos y tecnologías de un costo relativamente elevado, sin embargo esto también marca la manera en que ellos viven. La existencia o no de estos utensilios funciona como marcador cultural.

    La acumulación de conocimientos científicos y tecnologías permite generar nuevos elementos con potencial para convertirse en modificadores de culturas. Para que hoy pudiésemos tener este tipo de utensilios en nuestras manos, muchas décadas de desarrollo de “productos finales” debieron ocurrir hasta que se pudiesen obtener  objetos que entrasen con facilidad a la vida de un grupo suficientemente grande de personas para que influyesen en su modo de vida y a través de éstas, las preferencias, gustos y necesidades del resto de integrantes de su grupo social.

    Al inicio de la era de la telefonía móvil, la fotografía era una tecnología que dependía mayormente de la química para la obtención e impresión de imágenes, sin embargo no era nuevo el tema de la transmisión casi instantánea de las fotografías ya reveladas. Hacia el final de la segunda guerra mundial era posible transmitir fotografías desde los sitios de las diferentes batallas hasta las oficinas de los periódicos a través del radio utilizando una tecnología similar a la de las primeras máquinas de fax. El proceso podría tardar algunas horas, sin embargo era ya posible tener noticias ilustradas y recientes desde el otro lado del mundo en el diario matutino.

    Así como los utensilios transforman la cultura, también las costumbres, necesidades e impulsos de la sociedad (en ocasiones reflejados sobre el mercado), crean nuevos utensilios. La necesidad de los periodistas por vender sus notas antes de que la competencia imprimiese las suyas estimuló la creación de medios de comunicación más eficientes. Dentro de este flujo se encontraría la cámara digital, pero no hemos llegado a ésta todavía; por el momento nos detendremos en una rareza: la cámara analógica. Sé bien que ese es el nombre que se les da a los aparatos fotográficos que utilizan película, sin embargo la aplicación del término para estos últimos no es precisa. La cámara analógica era un dispositivo similar a las cámaras videográficas pero con la capacidad de capturar cuadros individuales y almacenarlos de esa manera utilizando la misma tecnología electromagnética de las cintas de video. Esta tecnología era más cercana a las cámaras VHS que a aquella de las que montan los teléfonos móviles actuales. La relevancia de este caso para este tema es ver que no todos los avances tecnológicos tienen importantes impactos culturales. Las cámaras analógicas eran utilizadas de modo casi exclusivo por profesionales que requerían enviar fotografías por medios más veloces (estas imágenes podían ser enviadas por una vía telefónica convencional) sin embargo, la baja calidad de las imágenes producidas por estos dispositivos evitó que existiera un cambio permanente en el modo de trabajar con la fotografía, lo cual disminuyó su potencial de demanda por el gran mercado y por esta combinación de factores la película fotográfica continuó existiendo.

    Detrás de estos avances continuaba el desarrollo de una cámara fotográfica enteramente digital. Como en el caso de la cámara analógica, al principio parecía que esta nueva manera de obtener imágenes no sería viable o al menos lo suficientemente exitosa como para desbancar a la tradicional película. Este fue el cálculo que le costó el liderazgo a Kodak cuando la cámara digital se comenzó a vender a precios accesibles, en una época en que las computadoras personales podían encontrarse ya en un gran número de hogares occidentales.

    Telephone photography
    Agentur Schwimmer | Sellek Daniel

    A partir de ese momento el desarrollo ha sido simplemente incremental, mejores dispositivos, mejores comunicaciones y finalmente la cámara fotográfica y el transmisor se convirtieron en un solo utensilio. La fotografía cambió nuestra manera de ver el mundo, de entender lo que sucedía y el modo en que podíamos obtener acceso a la información. El siguiente paso fue su unión a las redes sociales basadas en internet, que nos permitió interactuar con otros, comunicar, competir, e incluso falsificar eventos, escenas y vivencias. Ese fue un cambio más profundo ya que todos trabajamos juntos para generarlo y la sociedad en que vivimos espera que seamos una parte activa dentro de esta nueva costumbre.

    Antes eran pocos los que tenían acceso a tal inmediatez, los fotógrafos de eventos son un buen ejemplo. Asistían a alguna boda, cena o premiación, fotografiaban a quien se dejase sin que la calidad de la imagen importase. Llenaban sus rollos con imágenes de invitados descuidados y las llevaban inmediatamente a revelar al estudio más cercano, mismo que trabajaba en la noche para atender con prioridad a este tipo de clientes que necesitaban regresar a vender “su producción”. Finalmente, estos fotógrafos relacionaban las imágenes que llevaban recién reveladas con las caras que aún quedaban en el salón y las llevaban para ser compradas a un precio muy elevado para tan defectuoso material. Era casi tan instantáneo como una polaroid, pero con menos diversión y más caro. Obviamente, en este caso no existía la difusión de las imágenes, en el mejor de los casos los invitados comprarían las fotografías para que no terminasen “dios sabe dónde”. No había necesidad de hacer copias de los negativos o preocuparse sobre licencias el negocio era, al igual que la ilusión de las fotos, instantáneo.

    Hoy hay nuevos utensilios, mismos que han eliminado la necesidad y el oficio del fotógrafo instantáneo en bodas y primeras comuniones. Todas esas prácticas han pasado a formar parte de un pasado, que si bien no es aún muy lejano, está ya considerado como un todo empaquetado. La moda de los invitados, el equipo de los fotógrafos, la maquinaria del estudio de revelado. Todos esos utensilios han dejado de ser necesarios en un mundo que ha encontrado nuevas soluciones para resolver los mismos problemas de antaño. Esos objetos en su conjunto son capaces de contar la historia de un tiempo que ya se ha perdido y que sin embargo, puede reconstruirse a través del análisis de los utensilios que eran necesarios para llevar a cabo los rituales prácticas y costumbres que le daban definición al momento.

    De esta manera podemos comprender que diferentes necesidades generan distintos utensilios, mismos que están siempre ligados a la sociedad que los ha generado: a su tiempo, lugar y a la razón por la cual han sido concebidos. Las cámaras fotográficas fueron creadas para obtener imágenes fidedignas de la realidad, para evitar la subjetividad de la representación pictórica. Su integración a la sociedad a través de su difusión fue causando que nuevos grupos le dieran nuevos usos y por lo mismo, que fuesen generando nuevas funciones que estarían también ligadas al momento y las personas que las pensaron necesarias. Hasta llegar al mundo de hoy en que sentimos indispensable la comunicación y difusión inmediata de todo lo que hacemos porque este elemento forma parte de la cultura que articula nuestra existencia. A través de este ejemplo podemos entender que los objetos materiales están siempre relacionados con su uso, mismo que se les ha asignado para cubrir las necesidades de una sociedad determinada, por lo cual están siempre ligados a la cultura que los ha generado.

    Ahora es posible ver que todos los objetos creados han sido pensados como soluciones (prácticas o quizá simplemente estéticas) a problemáticas generadas por las relaciones simbólicas y físicas de las sociedades de las cuales han surgido. Cada objeto material debe entenderse a través de la razón por la cual existe, más allá del simple momento en el que fue construido o el lugar del que ha salido; se debe pensar en las personas que existieron en torno a él. Algunas lo habrán construido, otras habrán anhelado poseerlo, quizá otros grupos lo habrán despreciado en su austeridad, o quizá incluso por su frivolidad. Son estas historias las que revelan el verdadero valor de los objetos como contenedores de valores culturales que pueden ser entendidos a través de las disciplinas sobre las que se auxilia el estudio de la cultura material.

    Sellek Daniel

    Imagen: Berlín. Museo de la DDR, 2014

  • El zar y el méndigo.
    bulgarian traditional costumes
    Foto: Agentur Schwimmer | Sellek Daniel

    Cubierta de pintura plateada y alas con plumas de los mismos colores; sobre zancos saluda a los que se acercan a la entrada. Junto a ella otros animadores, vestidos de duendes, ángeles y un san Nicolás adornan las banquetas alrededor del edificio donde se alberga la exhibición de dibujos infantiles que el municipio ha organizado en la calle de París, número 1.

    Al interior hay niños que cantan y presentan sus creaciones ante la directora general de la Unesco y la alcaldesa de la ciudad. La entrada está ocupada por familiares de los intérpretes que complementan su orgullo paternal con las vestimentas más apropiadas para competir visualmente con las apariencias de los otros padres de familia, es parte de la pragmática de las demostraciones de talento infantil.

    Es difícil distinguir una persona de otra en esa masa de trajes oscuros y fotógrafos de celular, sin embargo hay un personaje que no concuerda con el resto, no parece ser parte de la escena. No es uno de los niños cantores ni parece tener edad suficiente para ser el padre de alguno de ellos. Quizá podría ser el hermano mayor de alguno de los pequeños, en todo caso es un adolescente solitario en un evento que con facilidad ahuyentaría a todos los de su generación.

    Él se acerca, me pregunta la hora; tengo las manos ocupadas tratando de enfocar algo en una situación tan mal iluminada y simplemente le doy mi mejor aproximación “cerca de las cinco”. Agradece. Se va. Duda un instante y regresa con una nueva petición. Comienza a darme su dirección, me dice que vive cerca y me pregunta si puedo acompañarlo a comprar un pan. No son nuevos para mí esos cuentos, un adolescente nervioso se acerca a un sitio lleno de personas que presumen de ser más de lo que son en realidad. Un salón lleno de personajes falsos, todos ricos y exitosos de acuerdo a sus fueros personales… un objetivo perfecto para un adolescente que se ha iniciado en el mundo del crimen buscando al primer bienintencionado que se deje asaltar.

    Quizá simplemente sea la interpretación a la que me orillan mis experiencias pasadas. Quizá. Ojalá.

    Después de pedirme, inútilmente, dinero; se retiró. Pasó frente a los policías que estaban vigilando la seguridad del evento mientras yo me acercaba a los guardaespaldas que estaban a cargo de la seguridad del último Zar. Por un instante, la pobreza económica y social estuvo a dos pasos de la representación final de una monarquía que nunca terminó de ser. Esa cercanía de pequeño poblado, de ciudadela medieval, nos permite ver la delgadez de las capas que forman a la sociedad serdicense. Capa sobre capa forman tan solo una delgada película que podría ser perforada con la frágil punta de un lápiz, una estratificación tan delgada que permite compartir espacio y lugar a un joven que inicia una vida sin grandeza y a un hombre que está al final de la realeza.

    Todas las sociedades están estratificadas, esa no es la discusión, el caso de Sofía es peculiar por la delgada diferenciación que existe entre cada capa. Quizá, como ya he marcado con anterioridad, la falta de interés por acentuar la individualidad vaya más allá de las decisiones personales como pareja, moda, carrera y se refleje en las maneras utilizadas por los elementos de la democracia formalizada para interactuar con la población.

    Sin embargo, dentro de los particulares existe la misma dualidad entre igualdad y distancia. Las actividades que realizan los individuos adinerados del público general no están del todo alejadas de aquellas que son disfrutadas por las personas que tienen problemas para cubrir las cuentas de sus gastos básicos. Es como si no existiesen alternativas para el desarrollo, la creación o la existencia; la única división se encuentra en el presupuesto que cada individuo asigna a tales actividades, generando así “el problema” más popular de la identidad de la comunidad: la incomodidad que todos sienten ante el hecho de que el kitsch y “la chalga” por un lado y el utilitarismo del otro sean los elementos más representativos de la estética local actual.

    Indico la estética, no la cultura y mucho menos aquello que formalmente se conoce como tal, esto a pesar del hecho que dentro del mismo recinto se encontraba la directora de la más importante estructura gestora de cultura en el mundo, UNESCO y paradójicamente, a pesar del ejemplo, la sociedad local no pudo elegir a un director apropiado para su propia institución, el ministerio de cultura. Pero esa es otra historia que, a pesar de su posible relevancia nos distraería del punto que quiero mostrar.

    Al final del evento un grupo infantil con trajes típicos cantaba canciones tradicionales de la región. Una escena que se puede ver repetida a través de diferentes culturas y tiempos. Canciones conocidas, con trajes que son muestra de un código conocido en el que los “valores tradicionales” de las sociedades patriarcales son representados. Una imagen no muy lejana a la de aquellos que escuchan “música clásica” o que buscan identificarse con cualquier forma de expresión/entretenimiento que sea considerada por la sociedad como una actividad “seria y respetable”. Siempre ubicada algún pasado remoto que desde el tiempo de Hesíodo ha sido siempre considerado como mejor que el día hoy.

    Quizá eso explique el atractivo que tiene aún para los locales el estilo de vida de las generaciones pasadas. Quizá también eso explique la inconmensurable cantidad de estaciones de radio y otras situaciones en que se escucha música que no tenga menos de treinta años de antigüedad. Quizá, quizá, quizá lo único que por el momento necesitan los locales es tener representaciones que eviten el desarrollo de la individualidad y que fomenten el crecimiento de una comunidad llana, unida por los mismos valores, los mismos vestidos y las mismas canciones. Quizá sea así, quizá debería haber denunciado al presunto (méndigo) asaltante, quizá también debería haberle dado dinero al joven mendigante.

    Quizá.

    Sellek Daniel

  • Agosto 10, 2013. Protestas en verano.

    Verano. La gente sale a las calles para disfrutar los primeros días cálidos del año. Por todas partes se ven festivales artísticos, música en las calles, bares abiertos sobre las banquetas, los parques repletos de individuos sin más plan para el día que tomar una cerveza hasta que se termine la noche. Sofía está viva. Pero no es un evento singular; cada año las banquetas pierden terreno ante los restaurantes, los parques se llenan de botellas de cerveza, la ropa se encoge para permitir a la piel reencontrarse con el sol; es la temporada en que todos hacen planes para ir a la playa mientras se quejan de los extranjeros que planearon asolearse sobre la arena de la misma costa.

    El atractivo del paso de las estaciones en Sofía es algo difícil de explicar (acaso de encontrar). El tiempo parece atrapado entre las compactas calles de la ciudad, el paso de los años se ha enganchado al alma antigua que se muestra oculta bajo las capas de asfalto, lodo y piedra que se remueven cada vez que una renovación o construcción hiere la piel de ésta antigua ciudad. Sofía tiene un tempo alargado, sin embargo le da a cada giro alrededor del sol su propio ritmo subordinado.

    Es así, en esta dualidad, como aquí se piensa. Como aquí se vive.

    Cuando llega el otoño las lluvias modifican el paisaje urbano instalando insondables lagos turbios en las oscuras calles de la ciudad. Los restaurantes de banqueta ahora cubren sus invasiones con plásticos para mantener al agua (y al resto de la ciudad) fuera de su espacio exterior/interior. Los parques se vacían, solo las botellas del verano se quedan en el mismo lugar y de la misma manera. La ropa se alarga para cubrir la piel de las salpicaduras que los conductores, navegando por las oscuras aguas de las calles capitalinas, regalan con infinita simpatía cada vez que pasan cerca de algún desprevenido transeúnte. Basta un poco de agua y frío para que Sofía regrese a su ritmo usual de antigua canción de taberna (стара пиянска песен).

    En la ciudad solo hay dos estaciones: verano y el resto del año. Cuando la primera se va, inmediatamente la gente comienza a esperar su regreso. Ésta ciudad vive en un eterno anhelo estival que permite la existencia de solo dos meses durante todo el año, el resto es solo una fría espera. Con sus ritmos sincronizados, pareciera que la sociedad local busca las mismas cosas, articula su existencia del mismo modo y vive sus gustos en harmonía. En el mundo actual, activo y contrastante, el caso de Sofía es poco común, rarísimo. Podría pensarse que la condensación de su población, su turbulenta historia reciente y el hecho de ser el centro de empleo más grande del país (al cual llegan buscando trabajo los habitantes de otras pequeñas ciudades del interior), pueda explicar que todas las clases sociales, en general, prefieran bailar con el ritmo del vecino porque “a donde fueres haz lo que vieres”. Quizá otras generaciones modificarán este comportamiento, pero no las actuales. La diversidad tendrá que esperar a que la composición de los serdicenses cambie; hoy hay demasiados programistas.

    Esto vive Sofía, una existencia como lluvia de fin de verano que cubre la ciudad. Su humedad entra en los pulmones a cada respiro, llena los ojos, nubla la vista y decora con oscuros espejos líquidos el asfalto roto bajo tus pies. Una lluvia que te hace bailar por las calles de firme en firme, que te cubre cuando un chofer no te ve esperar el verde del semáforo ahí, en la esquina.

    Esta lluvia empapa las manifestaciones espontáneas de la ciudadanía: las protestas, los festivales, las escasas intervenciones en espacios públicos, los fotógrafos que  llenan sus tarjetas (o rollos) con gatos o indigentes y todos aquellos que por cualquier razón se mueven. Todo entra en un modo extraño de hibernación. Las pocas horas de luz invernales se reciben desde la ventana de un taller u oficina dejando los momentos de libertad para ser pasados entre la penumbra y la humedad.

    De solsticio a solsticio los días parecen alargarse y aun así, la vida pareciera acortarse. Es poco lo memorable, las imágenes que quedan del resto del año son siempre inferiores a las del verano. ¿Quién podría recordar lo que se hace en estos meses? Incluso el fin de año acontece en la parte menos interesante del mismo. Quizá sea intencional que se dé ahí el cambio, como si no se quisiera asustar a la gente, quizá para hacerlo más aceptable, menos duro, menos triste en su gris ignominia. Quizá sea esta la razón por la cual Sofía ama el verano y los pantalones cortos, correr en los parques y embriagarse en el sudor de una playa cercana. El verano es la temporada narcótica que desvanece la depresión anual cambiándola por un instante, un voluptuoso, cálido y repetitivo instante que la ciudad desesperadamente vive.

    Entre el verano y el resto del año se esconden muchos eventos donde el popular existencialismo comienza a erosionarse, momentos en que los buscadores del eterno verano olvidan sus confusiones frente a todos los absurdos del mundo mientras acompañan sus pláticas y memorias con una ensalada y dos raquías. Ellos pintan una ciudad que se piensa y vive a pesar del otoño y del invierno (y la primavera y el otoño y el invierno y la primavera y mil veces todo lo demás) ante el calor del alcohol y los leños en la chimenea, en el único momento en que la ciudad olvida, momentáneamente, su eterno anhelo estival.

    Daniel Sellek 

  • Apología a la idiotez de la caja.
    Imagen: México, 2009

    Al encender la televisión aparece en la pantalla un programa de concursos en el que algún desconocido juega para ganarse el salario de un año. En otro programa, se desarrolla la trama típica de alguna telenovela, en el canal siguiente el noticiario muestra algún escándalo entre legisladores y después escenas de un desastre natural en un lugar del mundo que yo no sabía que existía, al cambiar de canal… no sé lo que haya; los anuncios comerciales aparecen uno tras otro y cambio los canales una y otra vez más hasta completar el circuito y regresar al programa de concursos. Al final el participante se lleva solamente una dotación de productos, cortesía de los patrocinadores.

    Así funcionan los medios de comunicación masivos, prensa, radio, televisión, internet. Ofrecen contenidos generados con el motivo de tener el auditorio más grande posible. Crean productos que puedan vincularse con los deseos del público, muestran realidades aspiracionales al lado de desastres que no les suceden, para demostrar que la vida no va tan mala como la piensan y mientras lo hacen, insertan mensajes de aquellos que pagan sus cuentas y fundan sus proyectos, los patrocinadores.

    Los medios de comunicación, para ser masivos, necesitan ofrecerse gratuitamente al público. El espectador debe ser capaz de tener acceso al material que las productoras ofrecen sin tener que pagar un centavo más allá de lo que ha utilizado para comprar su receptor; sea este un televisor, radio o algún dispositivo conectado a internet, el cual se percibe además como un bien de larga duración que no está directamente relacionado al contenido que recibe.

    La diferencia entre los medios que requieren suscripción y los que son patrocinados con anuncios comerciales es muy grande. El alcance de NETFLIX, uno de los servicios más populares alrededor del mundo, es de cerca de cincuenta millones de personas (Sharf, 2014) a nivel global. El primer partido del mundial de fútbol 2014, fue visto por casi cuarenta y tres millones de personas solamente en Brasil (FIFA, 2014). La diferencia es notable, sobre todo cuando se tiene en cuenta que en ambos casos, el producto distribuido es solo entretenimiento.

    Debido a que esto, el entretenimiento, es el producto más atractivo que pueden ofrecer los medios masivos; es ridículo pensar que éstos podrían mantener su nivel de operaciones ofreciendo contenidos menos llamativos, materiales que no fueran capaces de retener la atención de la audiencia que se proyecta en el concursante que quizá gane un año de sueldo. Incluso las empresas que generan contenidos “diferentes” (entre ellos los educativos e informativos) incluyen entretenimiento en su programación. Esto a pesar de que sus ingresos no se deben a la publicidad sino a la venta de licencias para retransmisión de sus programas.

    Ya que estos medios de comunicación responden a las necesidades y deseos del público, se puede decir que están moldeados por la cultura de su auditorio. Entendiendo que cultura es la transmisión de símbolos y significados creados por los humanos para atender sus necesidades. Más allá de eso, han generado nuevas unidades de conocimiento relacionadas con entretenimiento y popularidad.

    Se puede decir que la comunicación transmitida por los medios masivos depende de su vínculo con el entretenimiento para poder existir en su formato actual. Son pocas las empresas que logran producir programación sin requerir publicidad, aunque suelen ser soportadas con impuestos especiales como en el caso de BBC (que aun así carga una gran cantidad de entretenimiento en su programación). Por lo mismo, la aceptación del entretenimiento como motor de los medios de comunicación masivos es parte de la cultura misma de las sociedades que utilizan este arreglo entre audiencia, patrocinador y productor. No se debe entender, como el moralismo propone, que la obligación de los medios masivos de comunicación es impartir educación o cultura, esta última en un muy mal comprendido concepto.

    El contrato tácito entre público y medio es parte de la herencia social que se ha ido transmitiendo desde los primeros usuarios de radios, aquellos aparatos que al inicio del siglo XX lanzaron al aire, por primera vez, señales que podían ser decodificadas en audio, alcanzando así a cualquier potencial receptor y las personas adyacentes al mismo. Hasta la actualidad en que el contenido sigue siendo libre para los usuarios en las redes sociales, las cuales no requieren una membresía porque son mantenidas a través del pago de los patrocinadores por el uso del espacio frente a los espectadores para colocar sus marcas y mostrar la existencia de sus productos.

    Pensar que los medios masivos de comunicación obstaculizan “la transmisión de la cultura” de una sociedad es tener una concepción muy angosta de lo que envuelve la cultura, entendiéndola como el cliché en el que solo aquello que ha perdido su capacidad para interactuar con su medio (formas antiguas de comunicación, de producción, de interacción y estructuras sociales que han dejado de ser funcionales) es considerado como culto: una palabra que no tiene nada que ver con los usos apropiados del concepto cultura.

    Por todo eso, cuando enciendo la televisión no espero encontrar nada más que noticias llamativas, espectáculos que juegan con las fantasías de la mayoría de la población y demás producciones que intentan distraer a la audiencia de su vida diaria. Esa es la razón por la que existen los medios masivos de comunicación, es lo que nuestra cultura ha generado para realizar la tarea específica de entretenernos.

    Daniel Sellek

    Fuentes citadas

    FIFA. (2014, Junio 21). Récord de telespectadores en los primeros encuentros del Mundial. Retrieved from Fifa World Cup Brazil: http://es.fifa.com/worldcup/news/y=2014/m=6/news=record-de-telespectadores-en-los-primeros-encuentros-del-mundial-2378106.html

    Sharf, S. (2014, Julio 21). Netflix Eyes Global Streaming Domination As It Crosses 50 Million Subscriber Mark. Retrieved from Forbes: http://www.forbes.com/sites/samanthasharf/2014/07/21/netflix-eyes-global-streaming-domination-as-it-crosses-50-million-subscriber-mark/