Es un tipo de canto que se ha desarrollado desde los grupos de pastores, sobre todo al sur de la capital, que posiblemente desarrollaron esta forma de canto en respuesta al espacio en el que habitaban.
Técnica
Las características de este tipo de canto son sus largas notas y el uso de la resonancia en la cabeza para lograr un timbre ligeramente estridente. Es un tipo de canto que se ha desarrollado desde los grupos de pastores, sobre todo al sur de la capital, que posiblemente desarrollaron esta forma de canto en respuesta al espacio en el que habitaban.
Por lo tanto, es natural que sean mujeres las que interpreten estas canciones ya que los tonos bajos, sin bien viajan más lejos, son más difíciles de comprender a la distancia, sobre todo ante un fondo de otros sonidos; por lo cual las voces masculinas no son apropiadas para desarrollar cantos similares.
La técnica de canto es distinta a la que se acostumbra en la música de Europa Occidental. Esto se debe a la herencia otomana, en la que se favorece el canto “de cabeza” a diferencia del favorecido por las escuelas alemana e italiana en la que la producción del sonido termina en la laringe; el canto de cabeza promueve la utilización de las cavidades sinusoidales lo cual le da el típico carácter nasal a esta forma de canto.
Regiones donde se realiza
Bulgaria del Centro y Sur así como Macedonia.
Similitudes con otras muestras culturales.
Técnicamente es similar al canto tradicional de regiones de medio oriente, a pesar de que los temas y las formas musicales son distintas.
Musicalmente es similar exclusivamente a creaciones relacionadas dentro del área de los Balcanes.
Importancia como elemento cultural.
Actualmente, las canciones tradicionales siguen siendo reutilizadas en la música popular como en la canción Joro Boro de la agrupación Balkan Beat Box utilizando como elemento de su composición la canción tradicional “Sentado está Jorge” (Седнало е Джоре дос), un tema popular tanto para el exoticismo extranjero como para intérpretes de música pop locales. Este estilo musical ha sido utilizado también, sin su carga cultural en películas como “Tomorrowland” y juegos de video como “Alone in the Dark”.
Se conoce como patrimonio cultural a los elementos que pueden ser utilizados como evidencia de los distintos niveles de desarrollo la historia humana. Estos bienes pueden ser clasificados como tangibles (materiales) o intangibles (inmateriales).
Los bienes materiales se presentan de diversas maneras, la más visible de las cuales se puede encontrar en el patrimonio construido, que representa la arquitectura y la modificación del espacio en el que algún grupo ha habitado. Este tipo de patrimonio representa tanto los edificios, o restos de los mismos, como las formas de organización del espacio que se desprenden de las formas en que, cada grupo humano, generó espacios de acuerdo a sus necesidades económicas y simbólicas.
El patrimonio arqueológico, corresponde a los objetos de periodos pasados vinculados con el modo de vida de un grupo determinado. Este se cruza con el patrimonio construido, sin embargo va más allá de los bienes inmuebles para incluir los artefactos que, a partir de las necesidades que cada grupo social tenga, sin desarrollados para cumplir múltiples funciones en la vida diaria de sus integrantes.
Dentro de este grupo se puede encontrar el patrimonio móvil; objetos cuyo valor, a pesar de estar vinculado con su origen, no se pierde cuando se le cambia de marco. Un ejemplo de este tipo de patrimonio es la literatura.
Más allá del patrimonio tangible se encuentra el patrimonio intangible, el cual comprende las técnicas, conocimientos, creencias valores y costumbres de un grupo del modo en que éstas son comprendidas y representadas por el grupo mismo.
En este grupo se pueden encontrar las leyendas, técnicas para creación de materiales, preparación de alimentos, construcción; así como los sistemas de valores y creencias que articulan las vidas de los integrantes de los grupos humanos que las han desarrollado.
En un mundo donde todo puede ser copiado y revendido sin el consentimiento o conocimiento de su autor, el rol de los derechos de autor es natural y obvio. Estos cubren la necesidad que los creadores tienen de protección a su obra para poder dedicarse al desarrollo de ésta y poder subsistir a través de la misma. Es claro, en este contexto, que los derechos de autor protegen y promueven el desarrollo de nuevas ideas.
Sin embargo las cosas no han sido siempre así. Cuando la capacidad para reproducir objetos e ideas era mucho más limitada, no había una razón clara para dar origen a la existencia de los derechos de autor. ¿Cuál podría ser la ganancia en evitar que alguien copiase la obra de otro autor? Duplicar un trabajo era una tarea que requería un esfuerzo tan grande que, por el hecho de apoyar su permanencia y difusión, un autor podría más bien estar agradecido de que alguien se interesara tanto en sus ideas para que le dedicase una cantidad inmensa de recursos a su reproducción. Más aún, las copias mismas serían escasas y por el mismo proceso de copia, no serían réplicas fieles al original.
La introducción de la imprenta (ca. 1440) cambió el estado de las cosas. Ahora la dificultad para producir copias era significativamente menor que la de generar una obra original. Es en este momento en el que comienza la tensión y la preocupación por las copias “no autorizadas”.
Durante la década de los cincuenta del siglo dieciséis, en Inglaterra y en España se legisló a favor de la creación de controles para la impresión y distribución de libros. En ambos casos el beneficiario era la imprenta y no el autor. Cabe decir que la intención de estas leyes no era directamente la protección ante la copia ilegal de materiales o piratería como le conocemos; su principal objetivo era controlar los libros que serían impresos, es decir, censurar la producción editorial. Una de las razones que dieron lugar a este movimiento fue el auge del protestantismo, ya que los libros fueron considerados el vehículo más poderoso para la distribución de “la plaga herética”.
La manera en que eran administrados los derechos directamente a las casas editoriales promovió la monopolización a través del control de licencias para la impresión. Las imprentas tenían derechos exclusivos y permanentes sobre la obra de los autores que editaban. A estos últimos les quedaba muy poco y su única alternativa era negociar directamente con la casa editora para buscar una forma de remuneración. En pocas palabras, los autores no tenían derechos sobre la copia de sus obras.
Pasaron casi dos siglos hasta que en 1710 el Estatuto de la Reina Ana se convirtió en la primera ley en dar derechos a los autores para explotar sus obras. Además, estableció el modo en que estas funcionarían en la actualidad: otorgando derecho de exclusividad por un plazo determinado de tiempo a partir de la fecha en que se ha aprobado el material como perteneciente a una obra de algún autor expreso.
Es así como la posibilidad de copiar con facilidad ha generado la necesidad de proteger las obras para su explotación exclusiva, ya sea por parte de las casas editoriales o de los creadores de estos trabajos.
El Estatuto de la Reina Ana determina que los autores tienen derecho a explotar su obra.
Todos los días veo fotografías que parecieran estar impresas sobre arena, videos grabados en formato vertical, autorretratos en las circunstancias más mundanas. Su difusión y reproducción en diversos equipos distantes pero conectados a internet es algo que vivimos y practicamos todos los días. Hoy esperamos que nuestro teléfono cumpla todas esas funciones; hoy la publicación de cada paso que tomamos es un elemento inseparable de nuestra existencia como miembros de ésta comunidad, de esta sociedad.
Alejémonos un poco de esta cotidianeidad; intentemos verla como si se tratara de un país lejano al que hemos llegado de visita. Veámonos como una comunidad articulada a través de la comunicación instantánea de todo. Lo primero que nos llamaría la atención serían los objetos que utilizamos para hacerlo. Una computadora portátil, plana, con la capacidad para grabar imágenes, voz, coordenadas geográficas y enviarlas a través de internet. Eso que llamamos teléfono móvil, celular, Smartphone… ese mismo aparato que hace quince años no existía (en su forma actual) y por lo mismo, el modo en el que vivíamos difiere del que nos parece ahora cotidiano. La existencia de una determinada tecnología, materializada y difundida a través de la sociedad, modifica la forma en que vivimos: Nuestra cultura. Existen grupos humanos para los cuales ésta no es una realidad familiar, lamentablemente existen personas que no tienen acceso a objetos y tecnologías de un costo relativamente elevado, sin embargo esto también marca la manera en que ellos viven. La existencia o no de estos utensilios funciona como marcador cultural.
La acumulación de conocimientos científicos y tecnologías permite generar nuevos elementos con potencial para convertirse en modificadores de culturas. Para que hoy pudiésemos tener este tipo de utensilios en nuestras manos, muchas décadas de desarrollo de “productos finales” debieron ocurrir hasta que se pudiesen obtener objetos que entrasen con facilidad a la vida de un grupo suficientemente grande de personas para que influyesen en su modo de vida y a través de éstas, las preferencias, gustos y necesidades del resto de integrantes de su grupo social.
Al inicio de la era de la telefonía móvil, la fotografía era una tecnología que dependía mayormente de la química para la obtención e impresión de imágenes, sin embargo no era nuevo el tema de la transmisión casi instantánea de las fotografías ya reveladas. Hacia el final de la segunda guerra mundial era posible transmitir fotografías desde los sitios de las diferentes batallas hasta las oficinas de los periódicos a través del radio utilizando una tecnología similar a la de las primeras máquinas de fax. El proceso podría tardar algunas horas, sin embargo era ya posible tener noticias ilustradas y recientes desde el otro lado del mundo en el diario matutino.
Así como los utensilios transforman la cultura, también las costumbres, necesidades e impulsos de la sociedad (en ocasiones reflejados sobre el mercado), crean nuevos utensilios. La necesidad de los periodistas por vender sus notas antes de que la competencia imprimiese las suyas estimuló la creación de medios de comunicación más eficientes. Dentro de este flujo se encontraría la cámara digital, pero no hemos llegado a ésta todavía; por el momento nos detendremos en una rareza: la cámara analógica. Sé bien que ese es el nombre que se les da a los aparatos fotográficos que utilizan película, sin embargo la aplicación del término para estos últimos no es precisa. La cámara analógica era un dispositivo similar a las cámaras videográficas pero con la capacidad de capturar cuadros individuales y almacenarlos de esa manera utilizando la misma tecnología electromagnética de las cintas de video. Esta tecnología era más cercana a las cámaras VHS que a aquella de las que montan los teléfonos móviles actuales. La relevancia de este caso para este tema es ver que no todos los avances tecnológicos tienen importantes impactos culturales. Las cámaras analógicas eran utilizadas de modo casi exclusivo por profesionales que requerían enviar fotografías por medios más veloces (estas imágenes podían ser enviadas por una vía telefónica convencional) sin embargo, la baja calidad de las imágenes producidas por estos dispositivos evitó que existiera un cambio permanente en el modo de trabajar con la fotografía, lo cual disminuyó su potencial de demanda por el gran mercado y por esta combinación de factores la película fotográfica continuó existiendo.
Detrás de estos avances continuaba el desarrollo de una cámara fotográfica enteramente digital. Como en el caso de la cámara analógica, al principio parecía que esta nueva manera de obtener imágenes no sería viable o al menos lo suficientemente exitosa como para desbancar a la tradicional película. Este fue el cálculo que le costó el liderazgo a Kodak cuando la cámara digital se comenzó a vender a precios accesibles, en una época en que las computadoras personales podían encontrarse ya en un gran número de hogares occidentales.
Agentur Schwimmer | Sellek Daniel
A partir de ese momento el desarrollo ha sido simplemente incremental, mejores dispositivos, mejores comunicaciones y finalmente la cámara fotográfica y el transmisor se convirtieron en un solo utensilio. La fotografía cambió nuestra manera de ver el mundo, de entender lo que sucedía y el modo en que podíamos obtener acceso a la información. El siguiente paso fue su unión a las redes sociales basadas en internet, que nos permitió interactuar con otros, comunicar, competir, e incluso falsificar eventos, escenas y vivencias. Ese fue un cambio más profundo ya que todos trabajamos juntos para generarlo y la sociedad en que vivimos espera que seamos una parte activa dentro de esta nueva costumbre.
Antes eran pocos los que tenían acceso a tal inmediatez, los fotógrafos de eventos son un buen ejemplo. Asistían a alguna boda, cena o premiación, fotografiaban a quien se dejase sin que la calidad de la imagen importase. Llenaban sus rollos con imágenes de invitados descuidados y las llevaban inmediatamente a revelar al estudio más cercano, mismo que trabajaba en la noche para atender con prioridad a este tipo de clientes que necesitaban regresar a vender “su producción”. Finalmente, estos fotógrafos relacionaban las imágenes que llevaban recién reveladas con las caras que aún quedaban en el salón y las llevaban para ser compradas a un precio muy elevado para tan defectuoso material. Era casi tan instantáneo como una polaroid, pero con menos diversión y más caro. Obviamente, en este caso no existía la difusión de las imágenes, en el mejor de los casos los invitados comprarían las fotografías para que no terminasen “dios sabe dónde”. No había necesidad de hacer copias de los negativos o preocuparse sobre licencias el negocio era, al igual que la ilusión de las fotos, instantáneo.
Hoy hay nuevos utensilios, mismos que han eliminado la necesidad y el oficio del fotógrafo instantáneo en bodas y primeras comuniones. Todas esas prácticas han pasado a formar parte de un pasado, que si bien no es aún muy lejano, está ya considerado como un todo empaquetado. La moda de los invitados, el equipo de los fotógrafos, la maquinaria del estudio de revelado. Todos esos utensilios han dejado de ser necesarios en un mundo que ha encontrado nuevas soluciones para resolver los mismos problemas de antaño. Esos objetos en su conjunto son capaces de contar la historia de un tiempo que ya se ha perdido y que sin embargo, puede reconstruirse a través del análisis de los utensilios que eran necesarios para llevar a cabo los rituales prácticas y costumbres que le daban definición al momento.
De esta manera podemos comprender que diferentes necesidades generan distintos utensilios, mismos que están siempre ligados a la sociedad que los ha generado: a su tiempo, lugar y a la razón por la cual han sido concebidos. Las cámaras fotográficas fueron creadas para obtener imágenes fidedignas de la realidad, para evitar la subjetividad de la representación pictórica. Su integración a la sociedad a través de su difusión fue causando que nuevos grupos le dieran nuevos usos y por lo mismo, que fuesen generando nuevas funciones que estarían también ligadas al momento y las personas que las pensaron necesarias. Hasta llegar al mundo de hoy en que sentimos indispensable la comunicación y difusión inmediata de todo lo que hacemos porque este elemento forma parte de la cultura que articula nuestra existencia. A través de este ejemplo podemos entender que los objetos materiales están siempre relacionados con su uso, mismo que se les ha asignado para cubrir las necesidades de una sociedad determinada, por lo cual están siempre ligados a la cultura que los ha generado.
Ahora es posible ver que todos los objetos creados han sido pensados como soluciones (prácticas o quizá simplemente estéticas) a problemáticas generadas por las relaciones simbólicas y físicas de las sociedades de las cuales han surgido. Cada objeto material debe entenderse a través de la razón por la cual existe, más allá del simple momento en el que fue construido o el lugar del que ha salido; se debe pensar en las personas que existieron en torno a él. Algunas lo habrán construido, otras habrán anhelado poseerlo, quizá otros grupos lo habrán despreciado en su austeridad, o quizá incluso por su frivolidad. Son estas historias las que revelan el verdadero valor de los objetos como contenedores de valores culturales que pueden ser entendidos a través de las disciplinas sobre las que se auxilia el estudio de la cultura material.
Cubierta de pintura plateada y alas con plumas de los mismos colores; sobre zancos saluda a los que se acercan a la entrada. Junto a ella otros animadores, vestidos de duendes, ángeles y un san Nicolás adornan las banquetas alrededor del edificio donde se alberga la exhibición de dibujos infantiles que el municipio ha organizado en la calle de París, número 1.
Al interior hay niños que cantan y presentan sus creaciones ante la directora general de la Unesco y la alcaldesa de la ciudad. La entrada está ocupada por familiares de los intérpretes que complementan su orgullo paternal con las vestimentas más apropiadas para competir visualmente con las apariencias de los otros padres de familia, es parte de la pragmática de las demostraciones de talento infantil.
Es difícil distinguir una persona de otra en esa masa de trajes oscuros y fotógrafos de celular, sin embargo hay un personaje que no concuerda con el resto, no parece ser parte de la escena. No es uno de los niños cantores ni parece tener edad suficiente para ser el padre de alguno de ellos. Quizá podría ser el hermano mayor de alguno de los pequeños, en todo caso es un adolescente solitario en un evento que con facilidad ahuyentaría a todos los de su generación.
Él se acerca, me pregunta la hora; tengo las manos ocupadas tratando de enfocar algo en una situación tan mal iluminada y simplemente le doy mi mejor aproximación “cerca de las cinco”. Agradece. Se va. Duda un instante y regresa con una nueva petición. Comienza a darme su dirección, me dice que vive cerca y me pregunta si puedo acompañarlo a comprar un pan. No son nuevos para mí esos cuentos, un adolescente nervioso se acerca a un sitio lleno de personas que presumen de ser más de lo que son en realidad. Un salón lleno de personajes falsos, todos ricos y exitosos de acuerdo a sus fueros personales… un objetivo perfecto para un adolescente que se ha iniciado en el mundo del crimen buscando al primer bienintencionado que se deje asaltar.
Quizá simplemente sea la interpretación a la que me orillan mis experiencias pasadas. Quizá. Ojalá.
Después de pedirme, inútilmente, dinero; se retiró. Pasó frente a los policías que estaban vigilando la seguridad del evento mientras yo me acercaba a los guardaespaldas que estaban a cargo de la seguridad del último Zar. Por un instante, la pobreza económica y social estuvo a dos pasos de la representación final de una monarquía que nunca terminó de ser. Esa cercanía de pequeño poblado, de ciudadela medieval, nos permite ver la delgadez de las capas que forman a la sociedad serdicense. Capa sobre capa forman tan solo una delgada película que podría ser perforada con la frágil punta de un lápiz, una estratificación tan delgada que permite compartir espacio y lugar a un joven que inicia una vida sin grandeza y a un hombre que está al final de la realeza.
Todas las sociedades están estratificadas, esa no es la discusión, el caso de Sofía es peculiar por la delgada diferenciación que existe entre cada capa. Quizá, como ya he marcado con anterioridad, la falta de interés por acentuar la individualidad vaya más allá de las decisiones personales como pareja, moda, carrera y se refleje en las maneras utilizadas por los elementos de la democracia formalizada para interactuar con la población.
Sin embargo, dentro de los particulares existe la misma dualidad entre igualdad y distancia. Las actividades que realizan los individuos adinerados del público general no están del todo alejadas de aquellas que son disfrutadas por las personas que tienen problemas para cubrir las cuentas de sus gastos básicos. Es como si no existiesen alternativas para el desarrollo, la creación o la existencia; la única división se encuentra en el presupuesto que cada individuo asigna a tales actividades, generando así “el problema” más popular de la identidad de la comunidad: la incomodidad que todos sienten ante el hecho de que el kitsch y “la chalga” por un lado y el utilitarismo del otro sean los elementos más representativos de la estética local actual.
Indico la estética, no la cultura y mucho menos aquello que formalmente se conoce como tal, esto a pesar del hecho que dentro del mismo recinto se encontraba la directora de la más importante estructura gestora de cultura en el mundo, UNESCO y paradójicamente, a pesar del ejemplo, la sociedad local no pudo elegir a un director apropiado para su propia institución, el ministerio de cultura. Pero esa es otra historia que, a pesar de su posible relevancia nos distraería del punto que quiero mostrar.
Al final del evento un grupo infantil con trajes típicos cantaba canciones tradicionales de la región. Una escena que se puede ver repetida a través de diferentes culturas y tiempos. Canciones conocidas, con trajes que son muestra de un código conocido en el que los “valores tradicionales” de las sociedades patriarcales son representados. Una imagen no muy lejana a la de aquellos que escuchan “música clásica” o que buscan identificarse con cualquier forma de expresión/entretenimiento que sea considerada por la sociedad como una actividad “seria y respetable”. Siempre ubicada algún pasado remoto que desde el tiempo de Hesíodo ha sido siempre considerado como mejor que el día hoy.
Quizá eso explique el atractivo que tiene aún para los locales el estilo de vida de las generaciones pasadas. Quizá también eso explique la inconmensurable cantidad de estaciones de radio y otras situaciones en que se escucha música que no tenga menos de treinta años de antigüedad. Quizá, quizá, quizá lo único que por el momento necesitan los locales es tener representaciones que eviten el desarrollo de la individualidad y que fomenten el crecimiento de una comunidad llana, unida por los mismos valores, los mismos vestidos y las mismas canciones. Quizá sea así, quizá debería haber denunciado al presunto (méndigo) asaltante, quizá también debería haberle dado dinero al joven mendigante.
Verano. La gente sale a las calles para disfrutar los primeros días cálidos del año. Por todas partes se ven festivales artísticos, música en las calles, bares abiertos sobre las banquetas, los parques repletos de individuos sin más plan para el día que tomar una cerveza hasta que se termine la noche. Sofía está viva. Pero no es un evento singular; cada año las banquetas pierden terreno ante los restaurantes, los parques se llenan de botellas de cerveza, la ropa se encoge para permitir a la piel reencontrarse con el sol; es la temporada en que todos hacen planes para ir a la playa mientras se quejan de los extranjeros que planearon asolearse sobre la arena de la misma costa.
El atractivo del paso de las estaciones en Sofía es algo difícil de explicar (acaso de encontrar). El tiempo parece atrapado entre las compactas calles de la ciudad, el paso de los años se ha enganchado al alma antigua que se muestra oculta bajo las capas de asfalto, lodo y piedra que se remueven cada vez que una renovación o construcción hiere la piel de ésta antigua ciudad. Sofía tiene un tempo alargado, sin embargo le da a cada giro alrededor del sol su propio ritmo subordinado.
Es así, en esta dualidad, como aquí se piensa. Como aquí se vive.
Cuando llega el otoño las lluvias modifican el paisaje urbano instalando insondables lagos turbios en las oscuras calles de la ciudad. Los restaurantes de banqueta ahora cubren sus invasiones con plásticos para mantener al agua (y al resto de la ciudad) fuera de su espacio exterior/interior. Los parques se vacían, solo las botellas del verano se quedan en el mismo lugar y de la misma manera. La ropa se alarga para cubrir la piel de las salpicaduras que los conductores, navegando por las oscuras aguas de las calles capitalinas, regalan con infinita simpatía cada vez que pasan cerca de algún desprevenido transeúnte. Basta un poco de agua y frío para que Sofía regrese a su ritmo usual de antigua canción de taberna (стара пиянска песен).
En la ciudad solo hay dos estaciones: verano y el resto del año. Cuando la primera se va, inmediatamente la gente comienza a esperar su regreso. Ésta ciudad vive en un eterno anhelo estival que permite la existencia de solo dos meses durante todo el año, el resto es solo una fría espera. Con sus ritmos sincronizados, pareciera que la sociedad local busca las mismas cosas, articula su existencia del mismo modo y vive sus gustos en harmonía. En el mundo actual, activo y contrastante, el caso de Sofía es poco común, rarísimo. Podría pensarse que la condensación de su población, su turbulenta historia reciente y el hecho de ser el centro de empleo más grande del país (al cual llegan buscando trabajo los habitantes de otras pequeñas ciudades del interior), pueda explicar que todas las clases sociales, en general, prefieran bailar con el ritmo del vecino porque “a donde fueres haz lo que vieres”. Quizá otras generaciones modificarán este comportamiento, pero no las actuales. La diversidad tendrá que esperar a que la composición de los serdicenses cambie; hoy hay demasiados programistas.
Esto vive Sofía, una existencia como lluvia de fin de verano que cubre la ciudad. Su humedad entra en los pulmones a cada respiro, llena los ojos, nubla la vista y decora con oscuros espejos líquidos el asfalto roto bajo tus pies. Una lluvia que te hace bailar por las calles de firme en firme, que te cubre cuando un chofer no te ve esperar el verde del semáforo ahí, en la esquina.
Esta lluvia empapa las manifestaciones espontáneas de la ciudadanía: las protestas, los festivales, las escasas intervenciones en espacios públicos, los fotógrafos que llenan sus tarjetas (o rollos) con gatos o indigentes y todos aquellos que por cualquier razón se mueven. Todo entra en un modo extraño de hibernación. Las pocas horas de luz invernales se reciben desde la ventana de un taller u oficina dejando los momentos de libertad para ser pasados entre la penumbra y la humedad.
De solsticio a solsticio los días parecen alargarse y aun así, la vida pareciera acortarse. Es poco lo memorable, las imágenes que quedan del resto del año son siempre inferiores a las del verano. ¿Quién podría recordar lo que se hace en estos meses? Incluso el fin de año acontece en la parte menos interesante del mismo. Quizá sea intencional que se dé ahí el cambio, como si no se quisiera asustar a la gente, quizá para hacerlo más aceptable, menos duro, menos triste en su gris ignominia. Quizá sea esta la razón por la cual Sofía ama el verano y los pantalones cortos, correr en los parques y embriagarse en el sudor de una playa cercana. El verano es la temporada narcótica que desvanece la depresión anual cambiándola por un instante, un voluptuoso, cálido y repetitivo instante que la ciudad desesperadamente vive.
Entre el verano y el resto del año se esconden muchos eventos donde el popular existencialismo comienza a erosionarse, momentos en que los buscadores del eterno verano olvidan sus confusiones frente a todos los absurdos del mundo mientras acompañan sus pláticas y memorias con una ensalada y dos raquías. Ellos pintan una ciudad que se piensa y vive a pesar del otoño y del invierno (y la primavera y el otoño y el invierno y la primavera y mil veces todo lo demás) ante el calor del alcohol y los leños en la chimenea, en el único momento en que la ciudad olvida, momentáneamente, su eterno anhelo estival.
Al encender la televisión aparece en la pantalla un programa de concursos en el que algún desconocido juega para ganarse el salario de un año. En otro programa, se desarrolla la trama típica de alguna telenovela, en el canal siguiente el noticiario muestra algún escándalo entre legisladores y después escenas de un desastre natural en un lugar del mundo que yo no sabía que existía, al cambiar de canal… no sé lo que haya; los anuncios comerciales aparecen uno tras otro y cambio los canales una y otra vez más hasta completar el circuito y regresar al programa de concursos. Al final el participante se lleva solamente una dotación de productos, cortesía de los patrocinadores.
Así funcionan los medios de comunicación masivos, prensa, radio, televisión, internet. Ofrecen contenidos generados con el motivo de tener el auditorio más grande posible. Crean productos que puedan vincularse con los deseos del público, muestran realidades aspiracionales al lado de desastres que no les suceden, para demostrar que la vida no va tan mala como la piensan y mientras lo hacen, insertan mensajes de aquellos que pagan sus cuentas y fundan sus proyectos, los patrocinadores.
Los medios de comunicación, para ser masivos, necesitan ofrecerse gratuitamente al público. El espectador debe ser capaz de tener acceso al material que las productoras ofrecen sin tener que pagar un centavo más allá de lo que ha utilizado para comprar su receptor; sea este un televisor, radio o algún dispositivo conectado a internet, el cual se percibe además como un bien de larga duración que no está directamente relacionado al contenido que recibe.
La diferencia entre los medios que requieren suscripción y los que son patrocinados con anuncios comerciales es muy grande. El alcance de NETFLIX, uno de los servicios más populares alrededor del mundo, es de cerca de cincuenta millones de personas (Sharf, 2014) a nivel global. El primer partido del mundial de fútbol 2014, fue visto por casi cuarenta y tres millones de personas solamente en Brasil (FIFA, 2014). La diferencia es notable, sobre todo cuando se tiene en cuenta que en ambos casos, el producto distribuido es solo entretenimiento.
Debido a que esto, el entretenimiento, es el producto más atractivo que pueden ofrecer los medios masivos; es ridículo pensar que éstos podrían mantener su nivel de operaciones ofreciendo contenidos menos llamativos, materiales que no fueran capaces de retener la atención de la audiencia que se proyecta en el concursante que quizá gane un año de sueldo. Incluso las empresas que generan contenidos “diferentes” (entre ellos los educativos e informativos) incluyen entretenimiento en su programación. Esto a pesar de que sus ingresos no se deben a la publicidad sino a la venta de licencias para retransmisión de sus programas.
Se puede decir que la comunicación transmitida por los medios masivos depende de su vínculo con el entretenimiento para poder existir en su formato actual. Son pocas las empresas que logran producir programación sin requerir publicidad, aunque suelen ser soportadas con impuestos especiales como en el caso de BBC (que aun así carga una gran cantidad de entretenimiento en su programación). Por lo mismo, la aceptación del entretenimiento como motor de los medios de comunicación masivos es parte de la cultura misma de las sociedades que utilizan este arreglo entre audiencia, patrocinador y productor. No se debe entender, como el moralismo propone, que la obligación de los medios masivos de comunicación es impartir educación o cultura, esta última en un muy mal comprendido concepto.
El contrato tácito entre público y medio es parte de la herencia social que se ha ido transmitiendo desde los primeros usuarios de radios, aquellos aparatos que al inicio del siglo XX lanzaron al aire, por primera vez, señales que podían ser decodificadas en audio, alcanzando así a cualquier potencial receptor y las personas adyacentes al mismo. Hasta la actualidad en que el contenido sigue siendo libre para los usuarios en las redes sociales, las cuales no requieren una membresía porque son mantenidas a través del pago de los patrocinadores por el uso del espacio frente a los espectadores para colocar sus marcas y mostrar la existencia de sus productos.
Pensar que los medios masivos de comunicación obstaculizan “la transmisión de la cultura” de una sociedad es tener una concepción muy angosta de lo que envuelve la cultura, entendiéndola como el cliché en el que solo aquello que ha perdido su capacidad para interactuar con su medio (formas antiguas de comunicación, de producción, de interacción y estructuras sociales que han dejado de ser funcionales) es considerado como culto: una palabra que no tiene nada que ver con los usos apropiados del concepto cultura.
Por todo eso, cuando enciendo la televisión no espero encontrar nada más que noticias llamativas, espectáculos que juegan con las fantasías de la mayoría de la población y demás producciones que intentan distraer a la audiencia de su vida diaria. Esa es la razón por la que existen los medios masivos de comunicación, es lo que nuestra cultura ha generado para realizar la tarea específica de entretenernos.
Es complicado traducir el concepto de gestión cultural a todos las lenguas. La misma idea de gestión no tiene equivalentes paralelos en la mayoría de los lenguajes y las labores de un gestor no siempre son iguales dentro de todas las sociedades. El ejemplo más fácil de encontrar es en el idioma inglés en donde el gestor, en vez de generar y desarrollar proyectos, se convierte en administrador de tareas creadas por consenso (ENCATC, 2014).
La tarea de entender las labores del gestor cultural no se hace más fácil al clarificar el concepto en cualquier lengua utilizada. A pesar de eso, la idea más popular sobre las actividades que desarrolla tal profesional es la del “creador de ferias” (Mary Ann Littrell, 1999). Esto habla por supuesto del patrón de consumo de la sociedad a gran escala en donde la palabra “cultura” es el nombre de una mercancía que se vende solo en temporada ya sea en la forma de cine durante un festival, una gira de conciertos o una feria de literatura (Varenne, 2008). Esta visión limitada sobre la gestión cultural es el principal reto que debe enfrentarse cuando se necesita conectar a los productores con el mercado hacia el que podrían ofrecer sus creaciones. Pero para esto es necesario conocer quiénes son los productores que se cuentan dentro del campo de acción del “mercado cultural”.
La producción cultural se puede dividir en tres sectores. El primero que viene a la mente es el de los espectáculos y patrimonio cultural. La forma en que esta forma de producción se conecta con la sociedad es a través de una comunicación presencial. El público asiste al museo, al teatro, sala de conciertos, plaza principal o el sitio que contiene el valor artístico o cultural por el cual se desplazan las personas hacia ella. Aunque no es el tipo más popular de producción cultural, es el que está más comúnmente asociado a la idea de cultura. Esto se debe a que es una experiencia “exclusiva” algo que disfruta la mayoría de las personas que al sentirse “cultas” niegan su conocimiento de los conceptos de cultura. Con esto me refiero a que, aunque todos visiten el mismo sitio/espectáculo, se necesita conocimiento previo del valor de éste para poder “apreciarlo” por su valor artístico/cultural.
La forma más popular de producción cultural es aquella en la que existe distancia entre la creación de la obra y el público. Dentro de esta se encuentra el cine, radio, televisión, libros, música grabada y la prensa. Debido a que este tipo de producción es autosustentable (paga sus propios gastos) no se relaciona usualmente con la gestión cultural o con la “cultura” en esa forma que siempre ponemos entre comillas. El entrecomillado concepto no pareciera tener relación con las telenovelas y el fanatismo por cualquiera que sea el deporte favorito de la comunidad, la “cultura” debería ser oscura y artística o quizá “artistosa” pero seguramente no debería ser de todos los días; es de temporada como las fresas. Ese podría ser el punto de vista de un personaje “culto, serio y respetable”, pero el entretenimiento es cultura y los gestores culturales deben tener en cuenta las actividades de estos productores, sobre todo para proyectos que van dirigidos a grupos grandes de personas. Este tipo de producción tiene la ventaja de no requerir la asistencia presencial, además de tener la experiencia sobre cómo llegar a la mayoría del pueblo y de ésta manera encontrar el modo de entregar el mensaje que el gestor cultural tenga como tarea transmitir. En este caso, la labor de gestión es comparable a la de un productor. Después de diseñar el proyecto y la estructura de tareas, el trabajo del gestor es encontrar a aquellos que puedan cumplir con éstas en tiempo y sin salirse del presupuesto. “Simple”.
(¡Tantas comillas!)
El tercer grupo es híbrido ya que no requiere la presencia del auditorio y es sin embargo, interactivo. Internet. Modificar comportamientos dentro de la red es tan complicado como intentar teñir el mar. Todo está en transformación constante y resulta algo tan intimidante que la mayoría de las labores en este medio de producción se concentran en la promoción. Es de hecho tan difícil que no se han dado grandes pasos aún dentro de la gestión cultural utilizando al internet como medio de producción, que también es a la vez público y productor. Un ejemplo moderadamente exitoso fue una simple adaptación del microblogging que generó la plataforma Tumblr un sitio que aceptaba la promoción de contenido y generaba tendencias por saturación de temas. Un ejemplo mucho más exitoso es la plataforma YouTube que debido al mismo sistema de saturación impulsó a muchos creadores automotivados a poner su contenido en línea. La forma de trabajo de estas plataformas es similar a la de los medios masivos mencionados en el punto anterior ya que todo aquel que no crea contenido es simplemente un espectador a distancia, la mayor diferencia es que todo espectador tiene la capacidad de modificar y crear contenidos por lo que construir en internet es como edificar con gelatina, una tarea dominada por la inestabilidad.
Aunado a las diferentes formas de producción cultural, también hay acercamientos diferentes a la gestión que modifican el modo en que se vincula la audiencia con los productores. En diversas comunidades, los principales interesados en la gestión cultural son organizaciones públicas (Government Digital Service, 2014) (Koch, 1998) (Statistics Canada, 2012): el gobierno a través de ministerios, delegaciones o secretarías. Junto a estas organizaciones, diversas instituciones privadas cumplen las mismas funciones en forma de organizaciones no gubernamentales, o compañías productoras.
La promoción de productos culturales por parte del Estado es una herramienta para transformar la historia y de muchas maneras se ha utilizado siempre. El pretexto religioso que dio pie a las cruzadas, todos los movimientos imperiales junto a la instalación de las formas y costumbres de quien sea el elemento dominante, hasta la batalla entre el Realismo Socialista y el Expresionismo Abstracto durante la guerra fría (Stonor Saunders, 1995) (Cockroft, 1974), todos son ejemplos notables del momento cuando el gestor cultural se convierte en oficial de propaganda. Sin embargo, en la vida cotidiana de las regiones estables también hay usos menos escandalosos de la cultura y el arte para acercarse a grupos de interés (e.g. acercarse a los países desarrollados) así como alejarse de aquellos círculos que al gobierno en turno le parecen viciados (e.g. grupos religiosos, izquierdas, derechas). Estos usos suelen tener formas más sutiles y aplicaciones puntuales, mientras que el Estado Mexicano promueve el día de muertos hacia el exterior, el Estado Rumano prohibió a Fanfare Ciocărlia participar en un encuentro de música balcánica porque “Rumania no es balcánica” (Lynskey, 2006) (Schwietert, 2012).
A pesar de todo eso, el uso más frecuente de la cultura por parte del Estado es para mejorar la apariencia del gobierno en turno. “Cultura” es un concepto aceptado como positivo por la mayoría de la población por lo que cuando el gobernante invierte en elementos aceptados como educación, cultura, deporte, es un “buen gobernante” a los ojos de los que no se preguntan demasiado sobre las complicaciones de la administración pública (Ejea Mendoza, 2008) (González Torres, 2010).
Desde la perspectiva de las organizaciones privadas, la gestión cultural funciona mayormente como la promoción directa de productores sobre cualquiera de las tres formas de producción ya mencionadas. En este caso los productores de teatro y cine son una forma de gestor, en un modo extendido del concepto, ya que se encargan de poner frente a una audiencia el trabajo de diversos artistas; escritores, actores, coreógrafos, músicos y otros. Es más fácil entender la labor de un gestor cultural dentro de las organizaciones privadas ya que su alcance es menor en cuanto a acciones pero la distribución del producto de su trabajo puede ser mayor. Aquel que organiza giras de músicos pop tiene una tarea muy similar a aquel que promueva el arte popular de su región natal: está tratando de insertar un objeto cultural dentro de un nuevo público para que así, este producto, se convierta en una necesidad para los consumidores de las comunidades dentro de las cuales se ha trabajado.
Finalmente, el gestor cultural es curador, vendedor, administrador, experto en relaciones públicas y también instala ferias. Todo con el objetivo de llevar las creaciones de diversos actores culturales a públicos más amplios. Puede ser que el gestor busque nuevos elementos para insertar en alguna comunidad o que simplemente siga las instrucciones del ministerio de propaganda de algún obsoleto lugar. La tarea no es muy diferente, su objetivo será llevar diversas formas de cultura a diferentes grupos de gente.
Koch, C. (1998). The Contest for American Culture: A Leadership Case Study on The NEA and NEH Funding Crisis. Recuperado de: University of Pennsylvania: http://www.upenn.edu/pnc/ptkoch.html
Hoy asistí a un evento de cierre de campaña de un partido de izquierda moderada que, como otros tantos, busca colocar a sus miembros entre los miembros del parlamento europeo. Además de los indispensables discursos con fines de convencer al electorado y todas esas palabras diseñadas por los expertos en análisis de mercado, el evento contó en su programa con un concierto. Éste se dividió en dos partes: una tradicional banda balcánica de metales y alientos tocando música que es conocida y tomada por todos desde Rumania hasta Bosnia; una de las pocas razones por las que los gitanos son esperados, aceptados, bien recibidos y aplaudidos por la mayoría local. Posteriormente apareció una cantante de canciones “nacionales”. He intentado buscar un paralelo mexicano para poder hacer el texto más entendible, pero no existe tal. Solo la música regional dentro de su propia zona podría ser parecido, algo como ser huasteco de Huejutla Hgo y escuchar un huapango. Sea como fuere, el punto es que cada uno de los partidos contendientes realizó un evento similar: concierto/discurso. Las diferencias entre las ideologías se hacían evidentes por la elección de los espacios en los que estos tuvieron lugar. Mientras que la ultra-derecha llenó el escenario más importante de la capital con grupos de metal y hard-rock, los de centro-izquierda usaban música local frente al monumento más famoso del país. Extrañamente la izquierda radical se parece mucho a los de ultra-derecha.
Todo esto lo he utilizado para marcar la diferencia entre la creencia popular de que el gobierno dicta lo que es aceptable como arte en un estado libre. El arte siempre ha sido utilizado como propaganda ya sea que se controle o no su producción. Esto es así porque no hay modo legal de modificar lo que las personas piensen y en conjunto, no se puede legislar sobre los gustos de alguna comunidad. La sociedad es un sistema estructurado a través de atribuciones. Muchas de ellas encuentran forma en expresiones legales que a su vez modifican a la sociedad de la que provienen cerrando el ciclo. Nunca las leyes son absolutas o perfectas, de ser así el mundo no tendría necesidad de parlamentos que renovaran y modificaran la red legal sobre la que se extiende el estado, tampoco habría necesidad de abogados o jueces que, a través de sus interpretaciones, pudiesen dar nuevas atribuciones a las leyes emanadas de los parlamentos.
Esta ambigüedad no es exclusiva del mundo interno de lo legislativo sino de todas las funciones sociales que dependen de conceptos que no han sido unánimemente definidos. Es este el caso en el que se encuentra la cultura.
A falta de una concepto definitivo, cultura es marcado como todo aquello que es “artistoso” no tiene propósito práctico, está dirigido a la educación, es antiguo o indígena. La ley no ayuda a clarificar esta extraña posición cuando marca que “toda persona tiene derecho al acceso a la cultura” en el articulo cuarto de la carta magna. Si se concibe cultura como la transmisión de símbolos y significados creados por los humanos para atender sus necesidades, la provisión legal estampada en el cuarto constitucional únicamente serviría para evitar que se le prohibiese a una persona el acceso a otras personas.
Esta falta de solidez no termina de cuajar cuando se propone que la labor del gestor cultural es promover el arte. Entendiendo la producción artística como el trabajo de individuos sobre temas que deben dialogar con la sociedad de la que provienen, promover aquello que en el siglo XVIII fue arte ya no queda dentro de las responsabilidades del gestor cultural, ni tampoco lo sería mostrar cine de Astaná en la ciudad de Guadalajara. La dependencia de las definiciones es una herencia de la vida legal sobre la que se ha desarrollado la profesión del gestor cultural.
Por esto mismo, en vez de ser el gestor cultural a las ciencias sociales lo que los ingenieros son a las ciencias básicas (ejecutivos y escalones de acceso), el trabajo de éstos profesionales de la cultura se ha limitado al de organizador de ferias al estar tan cercanos a las instituciones públicas. Quizá mi punto de vista sea liberalista, sin embargo creo, de acuerdo a las muestras históricas del desarrollo de comportamientos dentro de pueblos diversos de acuerdo a necesidades surgidas de esquemas sociales enfrentados a situaciones naturales y políticas, que el gestor debe ser capaz de encontrar caminos particulares y ser un verdadero artista que use a las comunidades como materia y medio sobre el que expresar sus ideas.
Entonces, no hay manera en que un gobierno actúe directa y legalmente sobre el consumo la producción y la predilección del público sobre determinadas obras. Son los mismos consumidores y productores los que se ponen limitaciones o metas, dependiendo de que lado se vea.
En todas las regiones del mundo hay diversos acentos dentro de cada idioma y muchos de ellos tienen connotaciones positivas o negativas. Es notable que a pesar de las diferencias culturales y sociales hay una correlación común: los acentos/variaciones lingüísticas de los grupos menos adinerados son siempre percibidos como negativos y aquellos que los poseen son miembros discriminados de la comunidad. Esto se repite en la gastronomía, música, moda y en el cualquier forma de creación artística o industrial. Es una constante a través de la humanidad sin la cual no existiría ni el lujo ni el kitsch que son la misma cosa pero dentro de comunidades distintas.
Por esto, la única fuente verdaderamente hegemónica de símbolos y creadora de lenguajes es la economía. No como área del conocimiento sino en su encarnación social; llamémosle “adineramiento”; concentración de poder monetario.
Así como los sueños de riqueza son el incentivo de muchos delincuentes para cometer actos en contra de la sociedad para poder obtener los símbolos que le permitirían encajar en ésta misma; la riqueza (o la apariencia de riqueza) también modifica el comportamiento de las mayorías menos antisociales de cualquier comunidad. Poseer dinero es un símbolo tan poderoso en la sociedad que incluso Dalí que podía comandar cualquier suma por su trabajo habitual aceptó una extraña tarea por la cantidad ofrecida, crear un logo para “chupa chups”. Esto explica las acciones por las que las personas se guían en sus elecciones: producen lo que les trae dinero, consumen lo que les hace ver adinerados.
Es por esto que como hay muchos modos de gastar el dinero hay muchos modos para crear productos para diversos mercados. Volviendo a los eventos de campaña, podemos ver que los políticos buscan proyectar una imagen de éxito que sea comprendida por aquellos que posiblemente voten por su partido. Mientras que parecería lógico intentar convencer a todos, es imposible. Por esto se concentran en los elementos que pueden resonar con su ideología partidista para reproducirlos e intentar así atrapar votantes. Es mucho más claro en el caso de los votantes de extrema derecha que suelen tener un mundo más pequeño debido a su deficiente formación académica o la falta de oportunidades que les ha dado el crecimiento fuera de grandes ciudades y las consecuencias que esto produce como la incapacidad para entender las diferencias culturales (todos en su ambiente son iguales), la incapacidad para comprender los programas sociales (un problema de todas las pequeñas comunidades es que estos programas no siempre son eficaces e incluso a veces no llegan) y su incapacidad para ingresar al mundo laboral moderno (usualmente los que se quedan en las pequeñas comunidades son los que no tienen acceso a estudios superiores). Por lo mismo, cuando se les ofrece música simple con mensajes de ira pueden comprenderla y sentirse comprendidos a través de ella. Si a ese mismo público se le presentara música pop francesa del top 40, los elementos que la componen serían tan extraños para el grupo que ninguno de los símbolos sería comprendido y ninguno se identificaría con este mismo… y siendo radicales derechistas se sentirían ofendidos e irían con antorchas a incendiar la casa de aquel que haya tenido la ocurrencia.
Sin embargo, parecería que me he saltado el punto que había construído hasta hace poco. La hegemonía del dinero sobre la producción artística. La riqueza también es relativa.Por esto, para el público al que fue dirigido el concierto metalero, estar dentro del escenario más importante de la capital, compartiendo espacio con una banda de músicos que desperdician el poco dinero que les deja las disminuídas ventas de su música pasada de moda en lujos ridículos y simples (que el público puede comprender) es algo digno de contarles a todos los que en su pueblo no pudieron asistir porque tenían que sacar a pastar las vacas.
Bastaría revisar el directorio de restaurantes de cualquier ciudad para encontrarse con un problema fundamental de la cultura. ¿Por qué si todos esos establecimientos ofrecen el mismo servicio no se han unificado en un solo gran comedero? El servicio que ofrecen todos es el de preparación de alimentos listos para ingerirse, pero cada uno indicará diferencias, enunciará que su establecimiento es el de mejor calidad, con mejores precios o sus productos son los de mejor gusto. Esto último se entiende sobre todo en el ámbito gastronómico, donde el gusto está directamente relacionado al fenómeno fisiológico por el que nuestro cuerpo, a través de las papilas gustativas, discierne los componentes de los objetos que están a punto de ingerirse. Pero entonces ¿por qué hay otros productos que pueden ser de buen o mal gusto? ¿Qué es el gusto en una sociedad?
Cuando un elemento diferente ingresa a un sistema de símbolos establecido, inicia siendo de «mal gusto» hasta que es repetido por la comunidad, de esa manera internalizado y aceptado como «buen gusto».
Las comunidades están limitadas en un espacio temporal y físico a pesar de la facilidad con la que se transportan mercancías en la actualidad. Esto no ha sido una constante histórica ni es aplicable para todos los rincones de la sociedad, por lo que también hay comunidades que se encuentran con una limitada disponibilidad de recursos. Estas dificultades han dado lugar a soluciones para cada uno de los problemas que se presentan; desde los básicos como habitación, vestido y sustento hasta algunos más complejos como necesidades profesionales, religiosas, artísticas, de representación y otras. Cada comunidad creará elementos que formarán un lenguaje de signos culturales que será internalizado por sus miembros, lo que provocará que éstos se familiaricen con ellos y los utilicen para solucionar sus conflictos diarios. Ésta situación dará lugar a la repetición de acciones, lo cual fortalece el vínculo entre el usuario y el símbolo en elementos tan relevantes como el lenguaje que utiliza. Tanto en su variante oficial como el dialecto preferido (Department of Psychology, Sapienza University of Rome, 2013); modos de comportamiento y dirección (Department of Neurobiology, The Weizmann Institute of Science, 2003) e incluso sus alimentos preferidos (Institute of Psychological Sciences, University of Leeds, 2013).
Frente al estímulo, cada individuo reacciona de diferente manera, algunos adoptarán las prácticas que ven repetidas en su entorno y las internalizarán hasta integrarlas en su propia definición de individualidad creando así al prototípico individuo conservador que ubica su comodidad en la repetición de lo que ya ha sido establecido. Por otra parte, aquellos que por cualquier situación en su historia de vida estén descontentos con la comunidad en la que viven intentarán desasociarse de sus prácticas comunes y encontraran la comodidad en las acciones que vayan en contra de la comunidad en que se encuentra, en particular aquellas que relacionan directamente con las fuentes de sus incomodidades. Éste es el prototípico rebelde.
La mayoría de los individuos nos encontramos oscilando en torno al centro de éstos extremos y actuamos diferentemente de acuerdo al símbolo en cuestión. Es por esto que aquello que denominamos “gusto” depende de los elementos que podamos repetir cómodamente y aquellos que sean antipáticos: hacia estos la única respuesta razonable es la rebelión, que puede tomar la forma de un levantamiento armado o preferir té en vez de café.
El gusto funciona de esa manera, seleccionando entre los elementos aquellos con los que nos identifiquemos y que no nos hagan sentir alienados. Es por esto que muchos emigrantes buscan reacomodar el nuevo entorno en el que se encuentran de acuerdo a lo que recuerdan del sitio del que son originales. Interesantemente, esta es una actividad que se nota casi exclusivamente en los llamados “migrantes económicos” aquellos que han sido forzados a dejar su lugar de origen por la incapacidad de obtener ingresos suficientes para llevar una vida digna en los términos del mismo país de origen. Este grupo se caracteriza porque no acepta plenamente los modos del sitio al que se ha ido a trabajar. Muestra poco aprecio por sus formas culturales y expresiones individuales como la moda e incluso la gastronomía. Todos esos símbolos foráneos que no adquirió a una edad temprana por pertenecer a una comunidad en la que otros símbolos eran acostumbrados.
Esta repetición agrega valor a los símbolos de los que he hablado. Un ejemplo claro es el oro, que no es el metal menos común ni el más costoso, sin embargo sigue siendo el símbolo de la grandeza última, como en la época dorada de… cualquier tema del que se esté hablando. Seguramente existen metales más raros y más valiosos, pero es la falta de repetición de éstos como símbolos de supremacía lo que les ha restado el valor social que podrían de otra manera tener. Siguiendo el mismo camino, el valor de un símbolo depende del que se le otorgue dentro de una comunidad, pudiendo este variar si se le coloca dentro de otra. Así, muchos individuos en este planeta pueden comer carne de caballo sin problemas mientras que otros podrían encontrar el mismo plato como algo repugnante.
Finalmente, el gusto es el sistema con el que se califican los diferentes símbolos de las comunidades en concordancia con la imagen que cada individuo tiene de sí mismo. Si un símbolo tiene una resonancia armónica con la imagen interior del individuo entonces ese elemento le gustará. En cambio, si el elemento y la imagen interna son disonantes entonces eso creará un disgusto, o en su ampliación a la comunidad: eso le dará al símbolo una imagen de mal gusto.
Fuentes:
Department of Neurobiology, The Weizmann Institute of Science. (07 de 2003). Skill learning in mirror reading: how repetition determines acquisition. Obtenido de National Center for Biotechnology Information: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/12880920
Department of Psychology, Sapienza University of Rome. (2013). Interactive effects of age-of-acquisition and repetition priming in the lexical decision task. A multiple-loci account. Obtenido de National Center for Biotechnology Information: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/23422658
Institute of Psychological Sciences, University of Leeds. (06 de 2013). Repetition counts: repeated exposure increases intake of a novel vegetable in UK pre-school children compared to flavour-flavour and flavour-nutrient learning. Obtenido de National Center for Biotechnology Information: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/23110783