Hegemonía y Gusto

Sofia, Bulgaria. 23-05-2014

Sofia, Bulgaria. 23-05-2014

Hoy asistí a un evento de cierre de campaña de un partido de izquierda moderada que, como otros tantos, busca colocar a sus miembros entre los miembros del parlamento europeo. Además de los indispensables discursos con fines de convencer al electorado y todas esas palabras diseñadas por los expertos en análisis de mercado, el evento contó en su programa con un concierto. Éste se dividió en dos partes: una tradicional banda balcánica de metales y alientos tocando música que es conocida y tomada por todos desde Rumania hasta Bosnia; una de las pocas razones por las que los gitanos son esperados, aceptados, bien recibidos y aplaudidos por la mayoría local. Posteriormente apareció una cantante de canciones “nacionales”. He intentado buscar un paralelo mexicano para poder hacer el texto más entendible, pero no existe tal. Solo la música regional dentro de su propia zona podría ser parecido, algo como ser huasteco de Huejutla Hgo y escuchar un huapango. Sea como fuere, el punto es que cada uno de los partidos contendientes realizó un evento similar: concierto/discurso. Las diferencias entre las ideologías se hacían evidentes por la elección de los espacios en los que estos tuvieron lugar. Mientras que la ultra-derecha llenó el escenario más importante de la capital con grupos de metal y hard-rock, los de centro-izquierda usaban música local frente al monumento más famoso del país. Extrañamente la izquierda radical se parece mucho a los de ultra-derecha.

Todo esto lo he utilizado para marcar la diferencia entre la creencia popular de que el gobierno dicta lo que es aceptable como arte en un estado libre. El arte siempre ha sido utilizado como propaganda ya sea que se controle o no su producción. Esto es así porque no hay modo legal de modificar lo que las personas piensen y en conjunto, no se puede legislar sobre los gustos de alguna comunidad. La sociedad es un sistema estructurado a través de atribuciones. Muchas de ellas encuentran forma en expresiones legales que a su vez modifican a la sociedad de la que provienen cerrando el ciclo. Nunca las leyes son absolutas o perfectas, de ser así el mundo no tendría necesidad de parlamentos que renovaran y modificaran la red legal sobre la que se extiende el estado, tampoco habría necesidad de abogados o jueces que, a través de sus interpretaciones, pudiesen dar nuevas atribuciones a las leyes emanadas de  los parlamentos.

Esta ambigüedad no es exclusiva del mundo interno de lo legislativo sino de todas las funciones sociales que dependen de conceptos que no han sido unánimemente definidos. Es este el caso en el que se encuentra la cultura.

A falta de una concepto definitivo, cultura es marcado como todo aquello que es “artistoso” no tiene propósito práctico, está dirigido a la educación, es antiguo o indígena. La ley no ayuda a clarificar esta extraña posición cuando marca que “toda persona tiene derecho al acceso a la cultura” en el articulo cuarto de la carta magna. Si se concibe cultura como la transmisión de símbolos y significados creados por los humanos para atender sus necesidades, la provisión legal estampada en el cuarto constitucional únicamente serviría para evitar que se le prohibiese a una persona el acceso a otras personas.

Esta falta de solidez no termina de cuajar cuando se propone que la labor del gestor cultural es promover el arte. Entendiendo la producción artística como el trabajo de individuos sobre temas que deben dialogar con la sociedad de la que provienen, promover aquello que en el siglo XVIII fue arte ya no queda dentro de las responsabilidades del gestor cultural, ni tampoco lo sería mostrar cine de Astaná en la ciudad de Guadalajara. La dependencia de las definiciones es una herencia de la vida legal sobre la que se ha desarrollado la profesión del gestor cultural.

Por esto mismo, en vez de ser el gestor cultural a las ciencias sociales lo que los ingenieros son a las ciencias básicas (ejecutivos y escalones de acceso), el trabajo de éstos profesionales de la cultura se ha limitado al de organizador de ferias al estar tan cercanos a las instituciones públicas. Quizá mi punto de vista sea liberalista, sin embargo creo, de acuerdo a las muestras históricas del desarrollo de comportamientos dentro de pueblos diversos de acuerdo a necesidades surgidas de esquemas sociales enfrentados a situaciones naturales y políticas, que el gestor debe ser capaz de encontrar caminos particulares y ser un verdadero artista que use a las comunidades como materia y medio sobre el que expresar sus ideas.

Entonces, no hay manera en que un gobierno actúe directa y legalmente sobre el consumo la producción y la predilección del público sobre determinadas obras. Son los mismos consumidores y productores los que se ponen limitaciones o metas, dependiendo de que lado se vea.

En todas las regiones del mundo hay diversos acentos dentro de cada idioma y muchos de ellos tienen connotaciones positivas o negativas. Es notable que a pesar de las diferencias culturales y sociales hay una correlación común: los acentos/variaciones lingüísticas de los grupos menos adinerados son siempre percibidos como negativos y aquellos que los poseen son miembros discriminados de la comunidad. Esto se repite en la gastronomía, música, moda y en el cualquier forma de creación artística o industrial. Es una constante a través de la humanidad sin la cual no existiría ni el lujo ni el kitsch que son la misma cosa pero dentro de comunidades distintas.

Por esto, la única fuente verdaderamente hegemónica de símbolos y creadora de lenguajes es la economía. No como área del conocimiento sino en su encarnación social; llamémosle “adineramiento”; concentración de poder monetario.

Así como los sueños de riqueza son el incentivo de muchos delincuentes para cometer actos en contra de la sociedad para poder obtener los símbolos que le permitirían encajar en ésta misma; la riqueza (o la apariencia de riqueza) también modifica el comportamiento de las mayorías menos antisociales de cualquier comunidad. Poseer dinero es un símbolo tan poderoso en la sociedad que incluso Dalí que podía comandar cualquier suma por su trabajo habitual aceptó una extraña tarea por la cantidad ofrecida, crear un logo para “chupa chups”. Esto explica las acciones por las que las personas se guían en sus elecciones: producen lo que les trae dinero, consumen lo que les hace ver adinerados.

Es por esto que como hay muchos modos de gastar el dinero hay muchos modos para crear productos para diversos mercados. Volviendo a los eventos de campaña, podemos ver que los políticos buscan proyectar una imagen de éxito que sea comprendida por aquellos que posiblemente voten por su partido. Mientras que parecería lógico intentar convencer a todos, es imposible. Por esto se concentran en los elementos que pueden resonar con su ideología partidista para reproducirlos e intentar así atrapar votantes. Es mucho más claro en el caso de los votantes de extrema derecha que suelen tener un mundo más pequeño debido a su deficiente formación académica o la falta de oportunidades que les ha dado el crecimiento fuera de grandes ciudades y las consecuencias que esto produce como la incapacidad para entender las diferencias culturales (todos en su ambiente son iguales), la incapacidad para comprender los programas sociales (un problema de todas las pequeñas comunidades es que estos programas no siempre son eficaces e incluso a veces no llegan) y su incapacidad para ingresar al mundo laboral moderno (usualmente los que se quedan en las pequeñas comunidades son los que no tienen acceso a estudios superiores). Por lo mismo, cuando se les ofrece música simple con mensajes de ira pueden comprenderla y sentirse comprendidos a través de ella. Si a ese mismo público se le presentara música pop francesa del top 40, los elementos que la componen serían tan extraños para el grupo que ninguno de los símbolos sería comprendido y ninguno se identificaría con este mismo… y siendo radicales derechistas se sentirían ofendidos e irían con antorchas a incendiar la casa de aquel que haya tenido la ocurrencia.

Sin embargo, parecería que me he saltado el punto que había construído hasta hace poco. La hegemonía del dinero sobre la producción artística. La riqueza también es relativa.Por esto, para el público al que fue dirigido el concierto metalero, estar dentro del escenario más importante de la capital, compartiendo espacio con una banda de músicos que desperdician el poco dinero que les deja las disminuídas ventas de su música pasada de moda en lujos ridículos y simples (que el público puede comprender) es algo digno de contarles a todos los que en su pueblo no pudieron asistir porque tenían que sacar a pastar las vacas.

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