Kintsukuroi: No todo lo que brilla es oro

Kintsugi

Contenedor de té, cerámica Karatsu, s. XVIII, Museum für Lackkunst, Münster, Alemania.

“Las cosas son más bellas por haber sido rotas y aún más si son reparadas con doradas vetas”, es una idea que ha aparecido frecuentemente en diversas publicaciones a través de la red. En estos, se quiere ver al kintsugi (o kintsukuroi) como un irónico desprecio al materialismo, cubriendo con oro los restos “inservibles” de una cerámica rota para convertirla en un objeto precioso. Sin embargo, sus historias siempre se quedan cortas.

La costumbre de reparar objetos de cerámica no fue la ocurrencia de una sola persona en un momento determinado de la historia japonesa. A pesar de que se pretenda encontrar un héroe para la historia, ésta tradición está conectada a la idea de Mottainai, un concepto de difícil traducción que sin embargo engloba la idea de que el desperdicio es vergonzoso y debe evitarse a toda costa. Este pensamiento proviene del Shinto (práctica espiritual tradicional en Japón) así como también el concepto de Tsukumogami o los espíritus de los objetos. La antigüedad de ésta última idea ha hecho que el concepto haya ido evolucionando, sin embargo, la creencia que ha visto mayor extensión es que al cumplir 100 años de servicio, un objeto se hace acreedor a un alma propia. De esta manera se elimina también la concepción de que el objeto de la reparación del utensilio es el material mismo y abre la posibilidad de que el caso de la cerámica no sea único; de hecho, esta misma idea da lugar a la existencia del boro, nombre que se le da a las prendas y otros elementos de tela que han sido reparados en diversas ocasiones.

Aunque no haya un héroe en ésta historia, nadie que haya inventado el “estilo”, es fácil encontrar por la red nombres de diversos personajes que han concebido la genial idea de reparar lo que está roto; historias con individuos a los que se les ha querido dar el título de “inventor del kintsukuroi”. En realidad, debido a la tradición de escribir y guardar anécdotas sobre lo ocurrido en reuniones celebradas en torno a las ceremonias de té, hasta nuestros días han llegado muchas historias. La más famosa quizá sea la del tazón “Tsutsu-i-zutsu” (Chanoyu to wa, 2013), en el que un poema improvisado aligera la tensión causada por la ruptura de una reliquia que había sido utilizada para recordar a un difunto maestro. Cabe destacar que en esta historia, el propietario verdadero de la pieza (en ese momento), era Toyotomi Hideyoshi, este dato es importante porque elimina la propuesta tradicional en que el shogun Ashikaga Yoshimasa es el protagonista de una historia que sucede un siglo después de su muerte (JAANUS, 2001) y porque está vinculada al maestro de té Sen no Rikyu, uno de los promotores de la estética de wabi y sabi, conceptos cercanos a las ideas de pobreza, inexigencia, reclusión, pátina y deterioro. (Iten, 2008)

Tsutsu-i-zutsu

Dos vistas de Tsutsu-i-zutsu reparado. Sin oro.

Sin embargo, no es pátina y deterioro lo que la gente actualmente ve en las grietas doradas de las piezas que han recibido el tratamiento del kintsugi; las tendencias cambian, así como la apreciación de las ideas y también su comprensión. En el periodo Edo temprano (s. XVII), el uso de polvo de oro en la laca para la reparaciones comenzó a declinar debido a la búsqueda de resultados mejor balanceados. Un ejemplo de esta tendencia es la persecución del refinamiento estético y el ideal de kirei sabi “pátina elegante”. Éste desarrollo hubiese sido imposible si tan solo se contase con la opción de restaurar los objetos con “oro” como se pretende hacer creer: de hecho, el término colectivo para las piezas reparadas de ésta manera no es kintsugi sino urushitsugi (o urushitsukuroi) que significa remendar con laca. Diversos materiales eran agregados a ésta laca para producir distintos colores: oxido ferroso, cinabrio, plata y por supuesto oro, se encontraban entre las opciones que tenían los artesanos para realizar su trabajo. Pero fueron las piezas doradas las que volvieron popular el tratamiento por ser muy del gusto europeo. A partir del siglo XVII, con las primeras misiones jesuitas que llegaron a Japón y las nuevas rutas comerciales que se abrieron con Oriente, jarrones y otras piezas similares comenzaron a ser muy demandadas. Por lo mismo, pronto surgieron falsificaciones en las que simplemente se pintaban líneas doradas sobre el material para imitar el efecto de la unión de piezas rotas del Kintsugi. (Trigo, 2013)

La verdadera ironía es que la superficialidad con la que se expresa la idea detrás del Kintsugi oculta el mensaje que muchos intentan transmitir con sus imágenes de piezas rotas y remendadas con vetas doradas. Esto se debe a que únicamente muestran el aspecto exterior del elemento reparado y se olvidan del fondo; dejan atrás las ideas que han generado el tratamiento y también su significado.

Fuentes

Chanoyu to wa. (2013). The Story of the Tsutsu-i-zutsu. Obtenido de Chanoyu to wa: http://chanoyu-to-wa.tumblr.com/post/22122045953/the-story-of-the-tsutsu-i-zutsu

Iten, C. (2008). Flickwerk: The Aesthetics of Mended Japanese Ceramics. Obtenido de BachmannEckenstein: http://www.bachmanneckenstein.com/downloads/Flickwerk_The_Aesthetics_of_Mended_Japanese_Ceramics.pdf

JAANUS. (2001). Higashiyama bunka. Obtenido de JAANUS: http://www.aisf.or.jp/~jaanus/deta/h/higashiyamabunka.htm

Trigo, A. (Septiembre de 2013). Kintsugi, el arte perdido japonés. Obtenido de AnaTrigo: http://www.anatrigo.es/2013/09/kintsugi-el-arte-perdido-japones.html

Sellek Daniel

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Un comentario en “Kintsukuroi: No todo lo que brilla es oro

  1. Muy buen articulo señor Sellek Daniel, sus conocimientos sobre la materia son tan deslumbrantes como el oro. Ahora bien, a mi parecer, no es sencillamente bello en sí mismo el hecho de reparar algo, y si además de esto encima se logra un realce estético (ya sea de forma intencionada como si no, ya sea con un significado o carente del mismo, ya sea usando un metal precioso u Òxidos, ) pues tal vez esa simple forma de verlo, es lo que hace que mucha gente sienta algo especial, sin tener necesidad de adornarlo aùn mas con envoltorios de filosofías orientales o psicológicas.

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