¿Qué es alteridad?

Alteridad

Ciudad de México, 2009. Crédto: Sellek Daniel

Comúnmente escuchamos sobre la identidad, su desarrollo, construcción o reconocimiento cuando se busca definir la diferencia entre un individuo y sus similares. Sin embargo, este es el enfoque popular y positivista para definir la relación de similitud o igualdad entre pares. Lo cual nos dice que, comúnmente, utilizamos el término erróneo para nombrar el concepto que queremos comunicar. Cuando decimos que nuestra identidad es lo que nos hace únicos, quizá querríamos intercambiar la idea de identidad por aquella de alteridad.

Semánticamente, alteridad es la relación de diferencia entre algo o alguien y su entorno. Es ser otro, diferente, es el principio de la diversidad. Sin embargo, no puede ser definida como simple “contraste” ya que contiene conceptos como la diferencia y otredad dentro de uno mismo. Estos conceptos son utilizados para definir separación, disimilaridad y distinción, especialmente cuando se trata de una desviación a partir de un resultado esperado. Alteridad en estos casos se contrapone a la mimesis o a la copia, dándole su connotación popular de “identidad”. Esta ambigüedad en los términos se debe a que usualmente se asignan los procesos simultáneos de construcción del sujeto solo a la identidad. Incluso a pesar de que muchos individuos se definen por lo que no son y por lo que no hacen, construyendo su posición a través de estos espacios negativos: a través de la alteridad.

Para entender el funcionamiento de la alteridad, se puede pensar que ésta es el resultado de la proyección de ideas y valores. Se puede entender al otro como una realidad proyectada, del modo que se proyectan imágenes en una pantalla cinematográfica. También se puede entender al otro como la pantalla misma sobre la que proyectamos nuestras ideas, de este modo borrando la existencia real del otro y convirtiéndolo en un instrumento; esta es la base de la discriminación y los prejuicios ya que la identidad del tercero queda oscurecida por las fantasías que sobre ellos son proyectadas.

La alteridad se diluye con mayor facilidad cuando se aplica al individuo ya que el problema comienza con la necesidad de conocerse a sí mismo. Al momento en que se acepta la propia existencia, la relación entre uno y el otro se complica. Cuando uno se refiere al individuo, se debe inferir hasta qué punto se conoce, ya que este punto definirá la frontera entre uno y el otro. Todo lo que es uno es “yo” y todo lo que no sea “yo” hará referencia al otro. De ésta manera, la alteridad se ve como la proyección, habitualmente de un “ego ideal” una concepción imaginaria e inaccesible que uno se atribuye a sí mismo al desconocer los límites de sí; de uno. De acuerdo a Lacan, la formación del sujeto requiere un desdoblamiento del yo entre “yo” y “otro”. Esta reflexión acentúa la relación narcisista del sujeto con su contraparte imaginaria, el “ego ideal”. De esta manera, el subconsciente provee un ejemplo de que uno es su propio “otro” creando una tensión entre el sujeto y el ego, generando “otro” que es “yo” (Lacan, 1977).

Además de construir “identidades” la alteridad provoca la clasificación de grupos de individuos a través de su origen étnico, sexualidad, raza, género, nivel económico, edad u otros, al marcar las diferencias entre los elementos de esos grupos (que comparten rasgos y por extensión identidades). Socialmente, esto se produce entendiendo al otro como una pantalla sobre la cual se reflejan estereotipos o “marcadores de identidad”, por consiguiente la identificación social, así como las formas nocivas: estereotipificación y discriminación por raza, género u otros; son el resultado de la organización de la sociedad a través de la alteridad e identidad, en torno a los principios de inclusión y exclusión.

Estos principios pueden notarse claramente en la relación entre mayorías y minorías dentro de la sociedad. Dentro de éste tipo de relación, el entorno suele estar construido de acuerdo a las ideas de una mayoría. Este entorno se le impone a las minorías, las cuales se comportan de un modo distinto a la norma esperada. Pero la noción de norma requiere una desigualdad de poder en la que aquellos que lo poseen crean la normatividad, conduciendo así a la exclusión del otro que, debido a sus factores constitutivos diferentes, se comporta de un modo diverso a la norma, promoviendo que la mayoría, al notar la desviación de su comportamiento con respecto a la norma, marque los modos de ésta minoría como anormales. Desde ésta perspectiva, el otro es la pantalla sobre la cual la mayoría puede proyectar sus percepciones y definiciones del otro, de tal manera que puedan definirse a sí mismos en contra de éstos. Al definir así la alteridad, no se promueve la transmisión ni el discurso. El otro es el espacio sobre el que la mayoría expresa su identidad a costa de las minorías sometidas a los estándares y normatividades creados por la mayoría y que éstos tendrán que usar para entender su propia identidad como el resultado de la comprensión de su diferencia con respecto a la normalidad de la mayoría.

Alteridad es entonces el espacio negativo en torno a un, todo lo que define al “yo” por diferencia y junto a la identidad construye la percepción de uno mismo.

Lacan, J. (1977). The Mirror Stage as Formative of the Function of the I as Revealed in Psychoanalytic Experience. En A. Sheridan, Écrits: A Selection. New York: W.W. Norton and Company.

Sellek Daniel

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